jueves, 7 de noviembre de 2013

CAMINO DE RONDA

Jugaba con el viento. Su mano izquierda lanzaba ondas en el aire frente al espejo retrovisor, testigo improvisado de aquella danza. Atrapaba el viento con sus dedos abrazando unicornios pardos, caminando en las profundidades de lo irracional entre explanadas yermas que presagiaban su futuro.
El final del trayecto, su destino, la encerraría en un lago acotado de monotonía. No haría más que navegar en círculos, apartando de su camino la libertad de elegir por sí misma, de decidir su propia revolución, de tocar con sus propias manos su realidad.
La majestuosidad del tajo de Ronda se abre paso ante sus ojos. Las luces del atardecer reflejan un filo de curvas sinuosas que dan vida propia al vértigo.
Un impulso repentino hace tensar sus brazos. Agarrando firmemente el volante inspira una descabellada idea, quizá no tan absurda después de todo. En sus pupilas el asfalto queda deslumbrado por la imagen de una celda adosada con vistas a un patio de vecinos indiscretos. Y plantado en el porche, vigilando todos sus movimientos, su celador, su carcelero, un borracho maloliente de certera memoria selectiva con la escopeta cargada de reproches y doble moralidad.
Su diafragma expande y contrae cada vez más rápido sus ansias de escapar. Aprieta sus párpados, desabrocha el cinturón de seguridad y empuja fuertemente el acelerador. Un cosquilleo inunda sus palmas sudorosas mientras la base del coche devora la valla metálica. En cuestión de segundos, el vehículo es engullido por el barranco. Cascotes, llamas, humo, un zapato extraviado en la pendiente, desparejado, desubicado.

De entre el amasijo de chatarra emerge un diminuto gorro puntiagudo. Un gnomo abandona el siniestro portando un frasco de color ámbar. Mientras trepa hacia la cima con hábiles pasos, va descorchando sonrisas infantiles y fantasías inocentes, suaves, claras, que van empapando la ladera, jugando con el viento.

Ra

viernes, 19 de octubre de 2012

CALCETINES BLANCOS

La miraba.
Le rodeaba el carnoso vientre con la mirada mientras frotaba su mano callosa contra el bañador, a la altura de su sexo.
La tenía tan a su alcance... y a la vez tan lejos. 
La veía tan sólo con unos calcetines blancos, atrapada entre tentáculos grasientos, apretándole los pechos, penetrándola. Gozaba sabiéndola inmóvil, húmeda, prisionera.
Al poco, ella salió de la piscina y se acercó corriendo, interrumpiendo por un momento su ensoñación:
-Papi, voy a ir al baño.
-Está bien, no tardes- le contestó.


Ra

jueves, 22 de diciembre de 2011

UNA NOCHE

Y voy yo y gano un premio de microrelatos...¿onde se ha visto eso chiquillos? Muchas gracias a todos. Va por utedeee:

-Hay que comérselo todo, precioso.

Mientras le preparaba la última cucharada de papilla, ella le hacía morisquetas.
Tras limpiarle las comisuras le destap
ó, le cambió el pañal y volvió a arroparle con delicadeza.
Le abrazó, y el latido de su corazón le reconfortó y le condujo a las puertas de un hermoso sueño. Ella sonrió divertida al ver cómo bostezaba.
Apagó la luz, pero dejó como guardián el tenue brillo de una lamparita nocturna. Cerrando la puerta lentamente, susurró:


-
Buenas noches, que duermas bien, hasta mañana, abuelito.

Ra

lunes, 27 de junio de 2011

VENEREOLOGÍA

Cinco semanas, cinco eternas semanas habían transcurrido desde que recogieron la muestra. Tras la palabra ANÁLISIS de su sobre se escondía su incertidumbre, su temor; una secuela nacida unos meses antres tras aquella brutal paliza, después de aquellas cicatrices en sus muñecas, y de aquel certero movimiento de torero diestro.
ENFERMEDADES VENEREAS: NEGATIVO.
Tras recostarse con alivio, al abrigo de su celda, deja que la lana deshaga la sangre reseca en su aguja de tricotar.
Ra

viernes, 4 de febrero de 2011

Micro-relatos

-¿Ordeno la retirada, mi comandante?
-¡De ninguna manera! Pase lo que pase manteneos todos en vuestros puestos- respondió el Alfil mientras se aproximaba la Reina Negra en diagonal.
Un crujido de cucaracha le obligó a frenar en seco. Al inclinar un poco el pie vio que ya era demasiado tarde; la Atlántida yacía pegada como un chicle en la suela de su sandalia.
-Lo siento, solo obedezco las órdenes.- Tras decir ésto, el niño acalló el lamento del guisante de un solo mordisco.
Tras la cuarta explosión, el piloto mira horrorizado el cuadro de mandos de la lanzadera de emergencia: ¡Pilas no incluidas!
-Parece que va a llover- pensaba la margarita mientras arropaba a la abeja entre sus pétalos.
Ra






miércoles, 8 de diciembre de 2010

10 Haikus caleteros

Toda niña ve

con ojos caleteros

el amanecer

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De la caleta

impregnando mis ojos

queda el salitre

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La mar le seca

la espuma de cangrejo

a la caleta

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La arena arrastra

huellas de chirigotas

hacia la orilla

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En mi diario

espolvoreo tus aguas

con sabor de Cai

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Nuestra caleta

arrastra en la bajamar

la espuma atlante

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Un marinero

arremanga un tanguillo

entre tus olas

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En un ánfora

se esconde un pasodoble

de la caleta

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En la penumbra

se disfrazan tus olas

de chirigota

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Las olas barren

esos versos copleros

de los poetas

Ra

jueves, 18 de noviembre de 2010

Instrucciones para meter todo el continente africano en una caja de zapatos

Relación de elementos que vamos a necesitar:
- Un mapa mundi político.
- Un vehículo de transporte de grandes dimensiones
- Una caja de zapatos, preferiblemente de talla 210.584
- Cinta adhesiva especial para buques y trasatlánticos
- Bridas tamaño familiar
- 400 sesiones o más de alterofilia, según su complexión
Instrucciones paso a paso:

Sitúese frente al mapa mundi, éste estará plegado. Despliéguelo y coloque el enfoque de su mirada hacia el punto central. Luego vaya bajando el telescopio lentamente hasta concluir en una zona anaranjada con forma de secador de mano inalámbrico: eso es África. Ahora introduzca las bridas y la caja de zapatos vacía en el medio de transporte que usted haya elegido; le aconsejamos que utilice un vehículo alado para colocarse justo sobre el citado continente. Acto seguido comience a plegar la tierra valiéndose de los brazos (recuerde que anteriormente deben haber sido tratados para el efecto) y agarre cada pliegue con las bridas que hagan falta, no escatime en gastos. Cuando adquiera un tamaño adecuado introdúzcalo dentro de la caja de zapatos y ciérrelo herméticamente con la cinta adhesiva, para evitar un posible despliegue indeseado y la consecuente catástrofe (véase capítulo 3: Posibles causas de extinción de los dinosaurios). Si lo desea, en el océano que haya quedado libre, puede navegar en el interior de cualquiera de los dos zapatos que compró.
Esta foto la tomamos en un viaje a marruecos, donde un tragaluz natural en la piedra revela la silueta escondida de áfrica, pero justo en negativo. Incluso se puede apreciar la isla de Madagascar...