miércoles, 19 de diciembre de 2007

EL PAYASO

Cuando Ramón abrió los ojos aquella mañana lo primero que vió justo en la pared frente a su cama fue una mancha de humedad con la forma perfecta de un payaso. Dubitativo y a la vez asombrado por tanta exactitud de trazos oscuros, se incorporó y desarropó sus piernas sin quitarle los ojos de encima a aquella sombra mohosa. Se calzó y acercó su infantil curiosidad (propis de cualquier niño de su edad), y lo estudió con detenimiento. Parecía la cara sonriente de un payaso joven, pero su mueca risueña parecía todo menos simpática, incluso le producía escalofrios, sobre todo su mirada, una mirada ausente capaz de encontrar pensamientos en cualquier rincón de un cerebro inerte, tan absorto en la nada... y a la vez lo miraba a él, le veía, le leía el rostro con la frialdad propia del elementeo del que estaba compuesto, y le traspasó sus párpados, aunque luchó por cerrarlos, y llegó hasta su alma, creándole la imperiosa necesidad de bajar corriendo a desayunar sin nisiquiera cambiarse el pijama por el uniforme, acto que desaprobó su madre quien dijo que con medio día de sol y la ventana abierta se arreglaría el estropicio. El caso es que cuando volvió de sus clases se encontró de nuevo allí; verdad era que el cielo había pasado la mañana enfadado con el sil, castigándole en su cuarto, detrás de las nubes. Pero esa no era razón suficiente para que hubiera aumentado su tamaño considerablemente. Lo que apareció como un rostro ahora se presentaba casi de cuerpo entero con trompeta incluida. Parecía incluso que estaba dotado de tonalidades concretas, normalmente una sombra en la pared suele tener el mismo color que ella, solo que un poco mas oscuro; aquel payaso en una pared blanca vestía pantalones anchos azules, abrigo naranja chillón con una pajarita de colores vivos, la cara pintarraqueada y una espantosa nariz colorada. Se prometió no volver a pisar el cuarto hasta bien entrada la noche bajando las escaleras del primer piso como una exalación.
Pasó toda la tarde jugando al fútbol y a las canicas con su pandilla, incluso ayudó a uno de ellos a salir de un boquete donde había caído, le gustaba sentirse un héroe, había logrado evadirse por completo de aquella visión. Cuando llegó la hora de acostarse entró en su habitación sin antes encender la luz, cuando lo hizo la figura que vio le dejó paralizado: la sombra húmeda del payaso había comenzado a definir sus contornos, casi podía afirmarse que gozaba de un aspecto tridimensional, lo que más sobresalía de él era un horrendo sombrero y unos zapatos de tal magnitud que rivalizaban con el fémur en una carrera de 90º. En la mano opuesta a la que sujetaba el instrumento musical portaba unos globos de diferentes motivos y colores que sobresalían de la habitación hacia una realidad desconocida que ni la física cuántica podría explicar. Era tan real que toda la estancia parecía una pantomima a su lado, un cuartito de muñecas. Bajando los escalones de cuatro en cuatro asió a su madre del brazo y la obligó a subir.
-¿Pero de qué me estas hablando, Moncho? Aquí no hay ningún payaso, esta mañana me diste cova con la manchita de humedad, pero si crees que te vas a librar de acostarte pronto para poder ver un poco mas la tele vas listo, jovencito. A la cama a la voz de: YA.
¿Cómo podía ser? no era posible que su madre no lo viera, ¿y tampoco lo había visto esa mañana?. Enfurecido, impotente y desconcertado se metió en la cama sin dejar de mirara al payaso... parecía que sonreía un poco mas.
No pudo pegar ojo en toda la noche, cada vez que apartaba la mirada de él parecía que cambiaba de postura, se acercaba mas y mas a los piés del catre. No quería pestañear, no podía hacerlo, sentía que su vida dependía de ello. La última vez que entrecerró sus párpados había amanecido y comenzaba a sonar el despertador de su padre desde el dormitorio de al lado. El sol lucía espléndido después de haber cumplido su encierro entre las cortinas. El payaso había desaparecido, no atisbaba rastro alguno de su presencia. Convencido de que todo había formado parte de un mal sueño se incorporó, pero antes de darle tiempo a desarroparse los piés... unas manos enguatadas apretaron sus tobillos con tal rapidez que no tuvieron tiempo sus pequeños pulminoes de asimilar tanto oxígeno de golpe. Con un gran esfuerzo logró zafarse de ellas y corrió en dirección al dormitorio de sus padres. Suplicó, gimoteó e incluso fingiose enfermo para atraer su atención.
-Esta bien, si tan mal te encuentras, a la cama a reposar.
- ¡No mami, cualquier sitio menos allí, a mi cuarto no, por favor!
-A la cama a la voz de: YA
Lo arrastró hacia la habitación decidida a encerrarlo por un tiempo hasta que lograra calmarse.
-¡Mamiii, por favor, a mi cuarto nooooo!
El payaso, sentado en su cama se abalanzó sobre él, le taó la boca con sus nauseabundos guantes y acercó su esponjosa nariz a la del niño.
-Chicooo,¿qué te gustaría ser de mayor?...

Cuando Lucía abrió los ojos aquella mañana, lo primero que vio justo en la pared frente a su cama fue una mancha de humedad con la forma perfecta de un bombero.

Ra

viernes, 14 de diciembre de 2007

KERESZTÜL A FÉL VÁROSON

Oda a los fieles valores
HÁT A NEVEKKEL MINDIG HADILÁBON ÁLLTAM,
Dejad a vuestras mentes habitar el alma,
AMMAGON AZ BIZTOS NEM JUTOTT VOLNA
Ammagon y los niños no jugaban a la comba
ESZEMBE VISZONT KIHASZNÁLOM AZ ALKALMAT,
desde que las visiones desaparecían y volvían a aparecer,
HOGY ÉN IS FEJTÖRÉSRE KÉSZTESSEK MÁSOKAT:
hoy en esta feroz mañana de otoño:
"A PRÓFÉTA ÉLVEZTE, HOGY CSODÁT TESZ.
"Un nuevo profeta, hoy asoma su tez.
EZÉRT LEGELÒSZÖR A FALUBELIEK MEGHALLGATÁSÁVAL KEZDTE,
Este perezoso y famélico australopitecus se alzará,
MÉGHA EZÚTTAL EZ A REGGELIJÉBE KEÜLT IS".
menguará los orgullos y nos mostrará la existencia tal y como es."
A VIDÉKIEIK NAGYON RITHÁN KÉRDEZÒSKÖDTEK,
Con esta clarividencia tan absurda,
EZ VOLT AZ EGYIK OKA,
y en voz alta cual oca en celo,
HOGY PRÓFÉTÁJA, AMMAGON, ANNYIRA SZERETTE ÒKET.
hoy profetizaba Ammagon el día del juicio primordial.
MÁR RÉGÓTA ESEDÉKES VOLT EGY ADÓSSÁGÜGY,
El mar regaba sus débiles voces y las adornaba,
VALAMINT KÉT SZOMSZÉD ÁLLANDÓ PÖRLEKEDÉSE,
balanceando sus cuerpos alados por doquier,
ÉS EGY RESZKETÒ ÖREG ESETE AKI ENGEDÉLYÉRT FOLYAMODOTT,
y cualquier resquicio de oraciones se engendraba y fluía,
HOGY MATEAGBA MEHESSEN FELOLDOZÁSRA.
hoy la marea los mece cuidadosa.
EGY FIATAL FAZAKAS VÁROSBA KÖLTÖZÉSÉHEZ KÉRTE TEAQUA ÁLDÁSÁT.
Un fatal tropiezo balanceó al piteco a los pies del lago Teaqua.
AMMAGON AZ ARANYSZEKÉR SZÉLÉRE TELEPEDETT,
Ammagon y sus seguidores lo teletransportaron al centro,
SLÁBÁT LELÓGARVA FIGYELMESEN HALLGATOTT.
de súbito el lago se tornó firme.
EZEK AZ MEBEREK RITKÁN KÉRTEK ISTENI BEAVATKOZÁST:
Ellos se alborozaron y lo trataron como a un ser beatificado:
TÖBBNYIRE TANÁCSRA VOLT SZÜKSÉGÜK,
esperaban todos que su voz los guiara,
MELYNEK TEAQUA NEVE ADOTT KELLÒ SÚLYT.
entre el Teaqua en nieve hacia su salvación.
ÉS AMMAGON EZT NEM MÉRTE FUKAR KÉZZEL.
Entonces Ammagon y los niños tuvieron una muerte fugaz y feliz.
Ra

martes, 11 de diciembre de 2007

LA IMAGEN

Damos y caballeras, presentamos a nuestro participante número 28 en su ya última prueba escogida por él mismo, denominada "el equilibrista cordial".
Arriba de sus cabezas podrán observar cómo alzamos un circuito de enredaderas cuadrangular donde Mr Twenty Eight dará unas vueltas sujetando una tetera en su cabeza rebosante de tibio licor. Según él mismo nos ha narrado es así como suele pasar a recoger a su dulce prometida: recorre el camino hacia su casa dejando huellas en el barro al estilo Charlot, como manda la tradición. La tetera fue el recuerdo del primer ofrecimiento de su futura señora:
- Siempre la tengo rondándome el pensamiento.
Y para no aguarle sus hermosos vestidos lleva siempre consigo un paraguas, su salvador cuando le presenta sus respetos o se le desvía la mirada hacia sus enagüas.
Mírenlo, ahí va...¡qué porte!, ¡qué altanería!, ¡qué bigote!... qué despiste salió sin pantalones...
¿o serán despistados mis perjuicios? ¿o lo será mi imaginación? y si es así: ¿de dónde habré sacado a este tipo?

miércoles, 15 de agosto de 2007

OPIDE

¡Que le he dicho que no!, ¡ aparte a esas sucias y depravadas de mi hijo!
Mi niño es un chico decente y no permitiré que esas pegajosas lo perviertan.
Son muy escurridizas,
huelen mal,
por dentro parecen tiernas pero son puro caparazón de hielo,
parecen transparentes pero sólo son capaces de retener joyas valiosas, sin importarles el exterior se encierran en sí mismas con el único fin de poseer riqueza.
Mi hijo se merece algo mucho mejor,
algo bien palpable,
algo tierno y sabroso...
ccomooo la madre que lo parió,
aquella que todo lo hace por su bien,
aquella que se desvive por él,
la que todos los días le prepara su colacao tibio,
la que le arropa todas las noches y vela porque sus sueños sólo les pertenezcan a ella.
¡ Aleje a esas desvergonzadas de mi pequeñín!
que no muestran pudor al enseñar sus vergüenzas,
húmedas y perversas como la bilis del demonio,
de seguro le harán daño,
se sentiría mal,
se retorcería de dolor,
tan maldito es el embrujo que encierran que hasta a mi difunto esposo le dio una congestión
(que Dios le tenga BIEN AMARRADO en su gloria)
cuando de noche me traicionó con varias de ellas.
Nunca olvidaré cómo babeaba por ellas,
cómo se relamía al pensar en ellas,
cómo se frotaba las manos...
Bienaventurados aquellos que controlan sus deseos mas oscuros, pues ellos serán los que sobrevivan al holocausto de Dios.
Así que deje de mirarme de esa manera tan lasciva y llévese bien lejos esa bandeja de ostras.

jijiji, iba a poner en cada ostra la cara de nosotros, los depravados, pero no tengo foto de ningunooooo, a ver si hacemos una escapaita a la playa y me llevo mi cámara...
Ra

martes, 31 de julio de 2007

UN SÁBADO FLORIDO

8:00= Soplan arpones centígrados por nuestra piel. Lanzas envenenadas se incrustan en mis oidos, recordandome años pasados, años propios, donde Alicia se perdía intentando atrapar al conejo, libre de alegorías y perjuicios, emborrachada de peligros y juergas eternas. Viejas flores prohibidas se escapan de mi boca, atreviendome a irrumpir en un juego clasicista, donde dos cupeas se burlan de dos margaritas lilas que pasean y se bañan juntas.
9:00= Descargo mi equipaje, vuelvo a mi realidad. Me libero de la reina de corazones, rompiendo un Mercedes a 10 por hora y me embadurno de agua fresca liberando azúcar marinero por mis poros.
10:00= Compañía de soldados superficiales atacan mi sensibilidad rememorando batallas nunca olvidadas, llenos de cursilería y de galones. Me siento como una margarita blanca rodeada de mandrágoras disfrazadas de tulipanes; mientras tanto un león se coloca la careta de infante para asustar a lo que mas quiero. No sé qué es peor, si la compañía o el aroma de damas de noche prefabricadas que impregna el camino de vuelta.
11:00= Ensalada simple= 5€
Ración de gallo= 10€
Ración de atún= 11€
Ración de cerdo= 10€
Escuchar que tu niña tiene tu cara, tus gestos, tu boca, tu forma de hablar, sabiendo que es maravillosa= no tiene precio.
12:00= Dispuesta está la mesa de tortura, alineados se muestran sus utensilios, comienzan a desmembrar vidas ajenas cuando ya han acabado con el repertorio de instituto. Mientras tanto voy pelando pipas al girason¡k que está sentado a mi izquierda.
2:00= Acabó la velada y mi alma recupera su tamaño original gracias al susurro que emiten las hadas de mi cabeza y a las caricias que me transmiten sonidos dormilones, extraordinariamente entonados. Las campanadas del reloj de palacio me transportan el murmullo de la fiesta a la que no podré asistir. Otra vez será.



Ra

martes, 17 de julio de 2007

LA PEMONICIÓN

Arrodillada encima de las hojas de mallorn, abatida y llena de rencor, se encontraba Adorial contemplando el rostro gris e inerte de aquella estatua de carne y hueso que tantas veces antes había contemplado con admiración, unos labios que habían rozado sus mejillas sintiéndolos templados y carnosos ahora parecían agrietados por el hielo de la muerte, el aroma que recordaba como el mas sutil que había percibido su pequeña nariz se había esfumado del cuerpo, ese cuerpo rodeado de una niebla de seda fría y negra que la cubría casi por completo dejando adivinar una silueta de largos brazos que la habían abrazado antaño en tantas ocasiones, para ella siempre especiales.
Se negaba a reconocer lo evidente, no podía concebir que aquel ser tan majestuoso la hubiera abandonado a su suerte, se resistía a creer que se había rendido, que el miedo irracional a dejar el mundo carnal la había vencido, como a tantos mortales les ocurría. Quería reprochárselo, sentía deseos de enfrentarse al ser que mas había querido, deseaba que se irguiera y la mirara arrepentida y oír por última vez su voz pidiéndole perdón, prometiéndole que nunca mas se alejaría de su lado, que siempre estaría con ella. Pero sus ojos aún abiertos no conservaban destello alguno de vida, fijos en un punto infinito del cielo sangraban lágrimas de color plata. Los ojos de Adorial también comenzaron a empañarse y decidió dar descanso final a los de su madre cerrándolos y sellándolos con un beso, pero cuando alargó su pulgar e índice hacia ella, con un movimiento tremendamente brusco le agarró fuertemente la muñeca mientras se incorporaba gritándole peligro en idioma élfico.
Despertó sobresaltada y sudorosa, con la cabeza un poco aturdida salió al estanque y se refrescó la cara y los brazos mientras entre sus dedos bailaban graciosos pececillos de colores brillantes. La herencia a veces terrible de la videncia había recaído en ella después de saltarse dos generaciones, Ivorwen su bisabuela y también su marido Dírhael ya la poseían desde muy temprana edad, como era su caso, pero esta última premonición se alejaba de lo corriente: en primer lugar nunca había sido partícipe de ninguna de ellas (y menos protagonista), ni tampoco era sensible a otros sentidos que no fueran el oído o la vista, ya que recordaba perfectamente todos los olores que percibió y sintió como a fuego vivo la mano helada de su madre, conservando aún la marca de sus dedos incrustada en su muñeca izquierda todavía temblorosa, y en tercer lugar parecía obvio que más que una clarividencia de un hecho concreto había experimentado una visión incógnita, un enigma de algo oscuro que iba a suceder y que no logró visualizar, como si se tratara de una señal de advertencia.
Tenía bastante asumido su don desde muy niña, desde aquel día que vaticinó la gran tormenta de los tres días en Harondor, tierras de Gondor del Sur propiedad ahora de su hermano Eldarion, o la trágica muerte de Cálanel, el único heredero de las tierras de Rohan y pretendiente oficial de su hermana mayor Sainaden, ahogado en las mismas aguas que arrastraron a su tioabuelo Boromir a su descanso eterno. Mas que un don era una desgracia y se sentía a menudo tentada a echar mano del mejunje que mandó preparar Legolas en caso de que renunciase por propia voluntad a su destino. Él había sido el ser del que más cosas había aprendido y él fue quien le instruyó acerca de todo el linaje que llevaban a sus espaldas y de sus venturas y desventuras. Le conducía a lugares remotos donde se habían sucedido contiendas importantes como el Llano de Dagorland, el campo de Celebrant o incluso parajes aún siniestros donde se realizaron grandes hazañas todavía recordadas como la meseta de Gorgoroth a los pies del monte del destino. Sí, conocía muy bien las viejas historias por medio de cánticos élficos y montaraces, casi tanto como a su maestro y dueño de sus anhelos: su forma de hablar, la manera con la que sistemáticamente colocaba las flechas y tensaba la cuerda en su arco (siempre con el meñique en alto), cada mechón de su cabello dorado engarzado por contados hilillos plateados fruto de su sabiduría. En secreto siempre guardaba la verdadera razón por la cual accedió a ser ella y no alguna de sus hermanas mayores la elegida para la disciplina de la lucha, donde lograba verdaderos avances sobre todo portando a Filen, un arco elaborado de las raíces de los mismísimos Ents, robusto y flexible a la vez y tallado con sus tres nombres en lengua élfica: Adorial Niphredil Undómiel. Su destreza con esa arma era difícil de concebir en una chiquilla tan joven, pero ella no se percataba de su puntería y destreza, sólo tenía ojos para su mentor.
Cuando conoció la noticia de su partida hacia las colinas de Carn Düm creyó desfallecer y por mucho que intentó unirse a la pequeña cruzada los elfos mayores se lo impidieron con rotundidad. Estaba decidida a escapar esa misma tarde, aprovecharía la vigilia del atardecer para huir en busca de Legolas. Se colocó su ropaje de entrenamiento y lo disimuló con una túnica de terciopelo morado y se dispuso a rellenar su petate con víveres que había recopilado aquellos días a escondidas, entre ellos grandes raciones de lembas por lo que pudiera pasar, aunque estaba segura que sería un camino tranquilo y sin muchos contratiempos pues sólo debía seguir el curso del río en dirección contraria de su cauce hasta las Landas de Etten y cruzar Animar hasta llegar a su destino, y con un poco de suerte incluso los alcanzaría antes. También incorporó unas botas de cuero de jabalí, ya se cambiaría sus sandalias Rut cuando estuviera fuera del recinto para no levantar sospechas y una pequeña bolsita cuyo contenido la obligaría a desviarse un poco de su ruta.
Salió de sus aposentos y se confundió entre el bullicio de jóvenes que se encaminaban hacia el gran comedor a ultimar los preparativos del enlace de su segunda hermana Sonya con el futuro heredero de Edoras. Mientras repartía algunas velas por las mesas aprovechó para echar un vistazo a los nombres y la procedencia de los invitados que irían a sentarse a su lado:
-Vaya, parece ser que esta vez conoceré de cerca de un mediano, Sam Sagaz Gamyi de Hobbiton, La Comarca.
Después de una emotiva ceremonia adornada con los mas bellos cánticos todos los representantes invitados al evento iban tomando asiento en sus respectivos lugares, pero al contrario de lo que ella esperaba, a su lado se sentó una hobbit de lo más peculiar: más alta que cualquier mediano tenía el cabello rizado y pelirrojo y unos hoyuelos característicos en sus mejillas acentuaban unos rasgos infantiles y risueños. Había ido en representación de su padre, el cual no se encontraba muy bien de salud, se llamaba Elanor y pronto descubrió que tenían muchas aficiones en común, como el ansia exploradora, rasgo extraño en un hobbit. Según parecía Elanor había despertado ese interés después de largas lecturas incansables a las memorias de su padrino Frodo Bolsón, al cual nunca llegó a conocer pero que admiraba. Cuando decidió contarle sus planes de huida, Elanor prometió ayudarla y propuso esconderla en su carro de salida a Minas Tirith. Cuando comenzaron los bailes y la lluvia de pétalos ceremoniales, lograron escabullirse por el pasillo de la izquierda de la mesa presidencial y avanzaron hacia las caballerizas donde las esperaba su transporte. Adorial aprovechó para recoger a Filen del cuarto de armas contiguo y abrieron las puertas para salir del recinto. Elanor cogió las riendas de los animales y Adorial se escabulló entre los botijos y las mantas que encontró. Sentía en los costados el traqueteo del carro cuando pasaba por las piedras grandes que se cruzaban en el camino, pero no se atrevía a hacer ningún movimiento, así que aguantó incómoda hasta que las puertas de la fortaleza sólo eran un punto en el paisaje. De un salto se unió a su nueva compañera de viaje y comenzó a quitarse las sandalias. Al ver lo que estaba haciendo Elanor le preguntó:
-¿Qué clase de zapatos son esos?
Mientras lograba alcanzar las botas colocó una de sus sandalias en las faldas de Elanor.
- Son unos Rut, las sandalias preferidas de los elfos, cada uno de nosotros al alcanzar la edad de la conciencia somos conducidos al taller de artesanía natural y se nos miden los pies para tallarnos una réplica exacta, luego de incorporar nuestro nombre a la obra la colocan en el muro natural donde miles de hiedras crecen y las abrazan durante todo un año. Acabado este proceso las retiran del muro, bañan con un ungüento especial a base de salvia de musgo, aloe y jugo de tela de araña los tallos de la hiedra para darle elasticidad y se dejan macerar en el río Wimrodiel toda una noche para que la luna las bañe de color blanco, y al día siguiente retiran ha hiedra del molde y le añaden la suela. Elanor no hacía mas que admirarlas, las cogió un momento para notar su tacto.
- Son realmente hermosas.
Al notar la atracción que emanaba de ella, Adorial le respondió:
- Te propongo compensar tu ayuda mandando fabricar unas para ti, qué te parece.
Elanor le enseñó sus grandes y voluminosos pies.
- Me temo que mis pies hobbits no son los más idóneos para calzar tales obras de arte.
- No digas bobadas,- le replicó Adorial,- en cuanto lleguemos a Lorien haremos un alto en el camino y el año que viene un mensajero te las llevará a tu aldea.
A Elanor se le tornaron sonrosados los hoyuelos:
- ¿Me dejas tocarlas un rato?
- Pues claro que sí.
Mientras Elanor admiraba sus sandalias Adorial recogió las riendas y azuzó un poco a los caballos para que apresuraran la marcha. Si hubiera planeado cualquier excusa para entrar en Lorien no le hubiera salido mejor; en sus planes ya existía ese alto en el camino, pero por otras razones muy diferentes, tenía una pequeña misión que cumplir.
Pasaron el monte Mindolluin y se dirigieron hacia el lago de Cair Andros para descansar, había caído la noche y los caballos estaban sedientos. Lograron divisar un pequeño buque amarrado a un lateral del lago que hacía las veces de posada y Elanor pidió una habitación mientras Adorial aguardaba oculta en el carro. Elanor subió al barco, se dirigió al primer piso y preparó toallas y una escalera de cuerdas para ayudar a subir a la polizón después de haber subido desde el otro lado del amarre a nado. Extendieron en el suelo unas mantas y se llevaron casi toda la noche contando historias cada una de sus respectivas razas y culturas.
Para evitar las bocas del Entaguas pensaron cruzar al otro lado y atravesar la Cancha Aguada por su lado transitable y menos profundo, pero esta ruta planteaba un dilema.
-Con este carro no lograremos cruzar Nindalf, debemos dejarlo aquí o incluso venderlo porque sus ruedas se hundirán a medida que avancemos.-explicó Adorial.
Así lo hicieron, Elanor bajó hacia la popa donde se encontraba la pequeña posada e hizo un trueque con unos enanos que estaban afincados en una de las mesas del fondo. Como no poseían mas que oro y joyas prefirió canjearlo por una ballesta y una daga, un par de cotas de malla y algo de queso. Mientras Adorial volvía a tierra firme. Se pusieron en marcha con uno de los caballos que lograron regatear, y nada mas adentrarse unos metros tuvieron que volver sobre sus pasos para recoger un par de ramas robustas para poder utilizarlas de bastón y caminar por la ciénaga, y Adorial se alegró de su acertada elección ya que las botas la mantenían seca, no tanto de acarrear con el caballo. Por fin llegaron a Rauros donde pasaron la noche acampando por primera vez a la intemperie. El cielo parecía darse cuanta del necesario descanso que se merecían y se nubló un poco para difuminar y atenuar la luz de la luna.
- Esa niebla, ¿sabes de dónde procede?- comentó Adorial.
- Tengo una ligera idea, pero no estoy segura.- Adorial comenzó a explicarle.
- Al oeste del lago donde hemos acampado se encuentra la Ciénaga de los Muertos. Dicen que todas las almas de los que perecen en esos pantanos quedaron vagando por encima de sus cuerpos unidos por un hilo invisible que impide a ambos separarse, así que el cuerpo queda a ras del borde del pantano y los vapores permanecen suspendidos formando bancos espesos de luz que atraen a cualquier caminante que lo cruza para intentar liberarse de esa atadura tomando un huésped nuevo, pero siempre que lo hacen los condenan a la misma tortura eterna que sufren ellos. Son almas que permanecen sin descanso tras formarse la ciénaga y remover las tumbas de guerreros de antaño que fueron sepultados en ese lugar.- esperando ver un escalofrío de su compañera se sorprendió al oirla replicar su versión:
- De hecho,- continuó hablando Elanor,- no todo el mundo es sensible a esa atracción, según las memorias de mi padrino cuando los últimos miembros de la compañía del anillo se adentraron en ella, el portador del Único fue arrastrado hacia sus aguas, pero mi padre lo rescató.- Adorial pensativa se quedó mirando a Elanor y exclamó:
- Parece ser que no soy la que más sabe de historias y leyendas de las dos, tienes que contarme todo los que se relata en ese libro.- Elanor sacó un gran libro rojo de su mochila y continuó la explicación:
- De hecho lo llevo siempre conmigo. Mi padrino le encomendó a mi padre continuar sus memorias, pero a Sam no se le da muy bien la escritura, así que me lo heredó a mí, su primera hija.- abrió el libro por uno de sus primeros capítulos.- Voy a leerte un dicho que se tornó popular que recitó el primer mediano aventurero de la historia de la comarca antes de partir, dijo lo siguiente:
No conozco a la mitad de ustedes, ni la mitad de lo que querría y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece.
Las dos se miraron unos segundos en silencio intentando encontrarle un sentido, y se echaron a reir.
- Mi padre me repite constantemente cuan parecido es mi carácter al del viejo Bilbo Bolsón, dueño de esta cita, y que cada uno de sus hijos conservamos el carácter de algún hobbit querido, como Ferry, Pippin, Rosa y Frodo a los dueños antiguos de esos nombres y la tierna Rizos de Oro a la abuela de mi madre.- Continuó leyendole algunos párrafos más hasta que el sueño las venció a las dos.
A la mañana siguiente Adorial contó a Elanor que se disponían a entrar en las lindes de Rohan, y que debían pensar en alguna excusa alternativa con respecto a su marcha, porque los jinetes de Rohan seguro que las divisarían y las interrogarían acerca del motivo de su viaje. Como a Elanor no se le daba muy bien eso de mentir, después de escuchar unas cuantas propuestas bastante alocadas Adorial decidió contar la verdad a medias.
Tal como esperaban cuatro jinetes salieron a su encuentro nada mas adentrarse en la Llanura de Rohan. Adorial rompió el hielo.
- Saludos, jinetes de Rohan.
El mas corpulento de todos respondió:
- Saludos pequeñas viajeras, a la mediana la hemos visto antes partir desde el oeste atravesando Edoras con la comitiva de invitados a Minas Tirith y suponemos que se dirige de regreso a Hobbitón.
- Así es.- contestó Elanor.
- Pero tú, que debes ser mitad muchacha mitad elfo…- la observó de la cabeza a los pies y se fijó en su porte y en su ropaje- ¿hacia dónde te dirijes?
Adorial intentó evitar en lo posible tener que contarles su historia:
- Con todo el respeto, ¿puedo saber qué os mueve a controlar tanto nuestros destinos?
- No son buenos tiempos para los elfos, según tenemos entendido- el jinete desmontó de su caballo y se acercó a ellas.- Corren rumores de una nueva oleada de deserciones hacia el Desierto del Norte, elfos grises se están reuniendo con no muy claras intenciones, y a ellos se están uniendo pequeños grupos de elfos desterrados de Rivendel.- Adorial aprovechó la noticia a su favor.
- Realmente son duros tiempos para mi raza, es por ello que marcho como mensajera real de mi señor Eldarion para prestar su apoyo a los elfos del bosque de Lorien y organizar una pequeña compañía para explorar las tierras de Rivendel.- Guardó silencio esperando una acogida positiva al cuento que acababa de inventar.
- Peligrosa misión os aguarda, joven; supongo que no iréis solas, sino que os uniréis a la marcha de los hombres de Minas Tirith liderados por el gran Legolas.- Adorial no pudo ocultar el brillo de sus ojos.
- ¿Hace mucho que pasaron por vuestras tierras?
- No harán mas de tres días hicieron una breve parada en una de nuestras posadas.- respondió el jinete.
- Pues con vuestra venia no podemos perder mas tiempo, debemos alcanzarlos lo antes posible. Larga vida al Rey de Rohan y a sus jinetes.- intentó dar por finalizada la entrevista, pero el jinete añadió:
- Duro es el camino que se os avecina, sabed que nosotros los hombres libres de Rohan estamos a disposición de vuestro rey, y si os complace escogeremos a nuestros mejores hombres para que os escolten hasta vuestro destino.
- No es necesario,- contestó Elanor- yo gustosa me he ofrecido a guiarla, ya que viajo en el mismo sentido.
- Os agradezco vuestra atención y generosidad- contestó Adorial.
- En tal caso id en paz y aceptad al menos que os acompañemos hasta el río Limclaro.
Viendo que no tenían alternativa aceptaron de buen grado la escolta e intercambiaron el caballo cargador por uno adecuado con robustas monturas.
Una vez finalizadas las despedidas y habiendo descansado buena parte del camino a lomos de briosos corceles se pusieron en marcha hacia el bosque de Lorien.
El esplendor de tiempos prósperos se había atenuado con el tiempo, con muchos menos habitantes de los que ella esperaba los recibieron con cierto recelo, aunque contentos por la visita de una de las princesas de Minas Tirith. No pudo ocultarles su identidad porque la mayoría de ellos eran parientes de Arwen, su madre, y la conocían desde que era solo un bebé. Mientras se llevaban a Elanor al taller natural para cumplir la promesa de confeccionar unas sandalias para ella, Adorial acudió al Cerin Amroth para visitar a su madre. Todavía no había llegado y ya sentía escalofríos, de lejos todo parecía tranquilo. Comenzó a aproximarse a su cuerpo y respiró un poco aliviada al ver que sus ropas no eran las mismas que vestía en su visión, una seda semitransparente de color azul cielo la arropaba y su tez irradiaba paz interior y tranquilidad. Se sintió culpable por haberle odiado tantas veces y se acercó a ella, la besó en la mano y en contra de lo que había planeado al principio, en vez de destruirlo, sacó de una bolsita la joya Evenstar y la colocó en su cuello con mucha delicadeza. Se despidió de ella y salió con un nudo en la garganta; al besarla había percibido el dulce olor que recordaba en su niñez.
De camino a Rivendel bordearon las Montañas Nubladas por su lado oriental hasta llegar al camino del bosque viejo, el cual se adentraba en las montañas con una oscura gruta pedregosa. Pronto comenzaron a perder el sentido de la orientación. Las montañas se elevaban tanto que era complicado saber dónde estaba el norte por las estrellas y el ambiente que respiraban era demasiado denso; sentían la presión de la altura en sus cabezas a medida que subían por ese camino. Después de una larga jornada encontraron una grieta escondida en la roca y decidieron acampar en su interior.
- Cuando lleguemos a Rivendel nuestros caminos se bifurcarán, ha sido un placer conocerte Elanor y caminar contigo, te estaré eternamente agradecida.
- Tambien lo ha sido para mi, princesa, prometo escribir nuestro gran paseo por el Anduin en las memorias de mi padrino- y dicho esto recogió el libro rojo de su petate y comenzó a recitar viejos poemas sobre la comarca y sus costumbres.
Pero mientras estaban leyendo un ruido de fuera las alertó: escucharon el rugir de algunos lobos y voces humanas. Adorial entró en trance por unos segundos y visualizó cómo las acorralaban en el lugar más profundo de la grieta y les daban caza. Entre ellos pudo reconocer un rostro inesperado: la princesa Sainaden. Decidió actuar de prisa y no sacar conclusiones precipitadas, agarró a Elanor y la montó en la parte delantera del caballo y le dio instrucciones.
- Vamos a escapar de esta trampa mortal- Adorial se montó de espaldas en la parte trasera- cabalga todo lo rápido que puedas con una mano y con la otra agarra la ballesta y dispara a todo ser viviente que se nos acerque, debemos darnos prisa o nos matarán.
Elanor asimiló rápidamente lo que había que hacer y, confiando plenamente en su compañera agarró con la mano derecha las riendas y empezó a azuzar al caballo. Acto seguido Adorial le dio unos golpes y salieron al galope.
El grupo de elfos desertores que caminaba por el sendero no pudo reaccionar a tiempo, comenzaron a disparar sus flechas al oscuro jinete que había salido de aquella grieta y ordenaron a los lobos ir en su captura.
Elanor estaba muy nerviosa, pero logró disparar varias veces mientras dirigía al caballo por entre el sendero siniestro, y detrás Adorial lanzaba flechas de tres en tres, una técnica aprendida de su mentor. Pero los lobos eran demasiados y se acercaban cada vez mas rápido porque una de las flechas de los traidores había rozado el lateral del animal y perdía mucha sangre junto con velocidad. De pronto el caballo se desplomó y las dos cayeron rodando por unas escaleras artificiales talladas en el camino que se dirigían pendiente abajo al final de la ladera. Se incorporaron como pudieron y echaron a correr mientras arrojaban flechas sin parar. Uno de los lobos logró esquivar esa lluvia de metal y madera y de un mordisco agarró el hombro de Adorial. Elanor, sin atreverse a disparar, se quedó inmóvil y comenzó a gritar. Pocos segundos después se acercó a la carrera al gran animal y colocándole la ballesta en el estómago disparó a bocajarro. Abrió sus grandes mandíbulas y logró zafarlo de su compañera, pero otro lobo se abalanzó sobre ellas. Elanor sintió el peso del gran can en sus piernas, inerte, sin cabeza, después de haber sido decapitado por la mujer mas hermosa que había visto en su vida. Portaba una espada llena de inscripciones y montaba un gran caballo blanco. Las subió a lomos del mismo y partieron hacia Rivendel.
Cuando Adorial despertó le dolía mucho el hombro, las heridas no habían cicatrizado aún pero sentía bienestar. Alguien le tenía agarrada la mano izquierda y la acariciaba con mucha ternura. Cuando logró habituar sus ojos a la claridad visualizó algo irreal: Arwen estaba con ella. La abrazó fuerte antes de que el sueño que creía vivir se desvaneciera y comenzó a llorar como una niña. Su madre le acarició el cabello y le dio un beso en la frente.
- Deja de llorar pequeña mía, ya estoy aquí contigo, perdóname por haberos abandonado. Te quiero mucho Adorial.
Las dos se secaron las lágrimas. Después de contarle su travesía le preguntó cómo había despertado de su eterno letargo. Arwen le contó que todo lo que acontecía estaba escrito por el destino, y le recitó algo que la asombró:
Y allí estará la tumba verde, hasta que el mundo cambie, y la ELANOR y la NIPHREDIL no florezcan más al este del Mar.
- Querida mía, el mundo ha cambiado y tú junto con tu compañera habéis despertado mi letargo cumpliéndose la profecía anunciada. Estoy aquí para librar una gran batalla entre hermanos. Me temo que va a ser cruel y devastadora con los nuestros,- Adorial recordó su visión y esperó que terminara de hablar para contársela- al sur del desierto, en Carn Düm están reuniéndose un ejército de elfos grises, y han perpetrado un pacto oscuro con las brujas de Angmar, sedientas de poder desde la caída del reino de Mordor. Prométeme que no te separarás en ningún momento de mi lado en la batalla, mi niña, porque sé que aunque te ruegue que no me sigas lo harás, y no solo por mí, sino por ese alguien tan especial para ti.
Al oír esas palabras tan llenas de complicidad Adorial supo que su madre sabía que estaba enamorada de Legolas, se sonrojó un poco y cambió de tema.
- Maima,- la llamó con el nombre que solía utilizar con apenas tres años- antes del ataque que sufrimos en la gruta tuve una visión, y Sainaden aparecía en ella liderando el grupo desertor. Sé que tengo la culpa por no haber podido avisar a tiempo de la muerte de su prometido, es por eso que no puedes esperar que me quede aquí cruzada de brazos. Tengo que ir y hablar con ella para pedirle perdón.- con sollozos lastimeros terminó de hablar.
- No te culpes mi niña, si alguien es responsable de lo que os pase a vosotros esa soy yo. Pero te prometo que la traeremos sana y salva. Todo se va a arreglar mi cielo.
Y con otro beso en la frente se marchó para dejarla descansar, parecía estar todavía un poco pálida por la pérdida de sangre. Adorial se negó a que saliera de la habitación por miedo a despertar y encontrarse con una realidad sin ella, pero se sentía agotada y no tardó en rendirse ante un sueño reparador de más de catorce horas.
Cuando despertó, se puso una ropa limpia que había a los pies de la cama, y mientras se vestía entró su madre y comenzó a peinarle el cabello. Se sentía flotar en una nube de felicidad de la que no quería bajar. Salieron juntas a un gran comedor donde habían reunidos muchos elfos, hombres y medianos discutiendo estrategias para el combate. Entre ellos logró visualizar a su amiga y a Legolas. Se acercó a ellos. Al verla repuesta de sus heridas Elanor corrió a su encuentro feliz por el grato desenlace. Legolas en cambio caminó lentamente y la abrazó con todas sus fuerzas.
- Creí morir al escuchar la noticia de tu encuentro con los lobos grises, no vuelvas a ponerte en peligro amada mía.
- Eso va a ser imposible- logró articular después de tal declaración de amor.
- Ya veo que sigues tan terca como siempre- Legolas le sonrió y continuó hablando- no dejaré que te ocurra nada, estaré siempre cerca.
Así comenzó a plantearse la gran batalla entre hermanos elfos que se lidió en los Desiertos del Norte, pero esa ya forma parte de otra historia.

Ra

domingo, 17 de junio de 2007

LETRASLIBRES

En estos tiempos donde abundan vanidades
donde el segundo no es oro, sino sangre,
en este mundo donde nada es gratuito
donde cada acto encierra cárceles ocultas,
en este cultivo de gérmenes sin reposo
donde arrasa el virus más mortífero...
Dejemos a las palabras libres
para que se encuentren,
dejémoslas revolcarse
en conjunciones copulativas,
y que disfruten de ellas mismas
como seres únicos e irrepetibles.
Ra.

LA VIDA ES ASÍ

Cerca del puente Pacuarto, en la segunda intersección, a la derecha, se abre un camino adoquinado que conduce al pueblecito de Corpia, ciudad minera por excelencia, donde sin
descanso se extrae el único metal líquido que alberga vida: LA SANGRE.
Sus habitantes pueden clasificarse en tres subtipos: los jornaleros o también llamados glóbulos rojos por aquello de su orientación política; los capataces, también denominados glóbulos blancos, los que nunca se ensucian (de ahí su nombre) y el ejército o plaquetas, encargados de salbaguardar la pureza de su extracción. Es una ciudad en contínuo movimiento, no hay mas que pasearse por la Avenida Orta para vislumbrar trajinar a la muchedumbre.
Su lema contínuo, famoso en todo el mundo, reza: nosotros podemos circular por tí.
El destino de su cargamento culmina en una inmensa variedad de talleres de artesanía, a cual más variopinto, en las cuales se conforman artilugios diversos, como las bocanadas de oxígeno en el taller pulmonar, o las agradables caricias en la mercería del tacto.
Merece la pena visitarla, te infunde vida.
Por cierto, ¿a que no adivinas cual es su himno?


Ra

EGÓLETRA

Soy un barco que ya encontró su rumbo después de 25 mareas a la deriva.
Soy la niña que se ríe del coco.
Soy la luz del sol que traspasa sin lastimar los párpados cerrados de un corazón.
Soy la voz que susurra a gritos a los tímpanos de hielo.
Soy el pájaro que huye cuando le ofrecen cobijo en lujosas jaulas.
Soy la música que nadie comprende, sólo unos pocos metrónomos privilegiados.
Soy la noche en que descubriste que a tu padre le quedaba pequeño el disfraz de Melchor, y te echaste a reír.
Soy el secreto de los pozos sin fondo, aparentemente vacíos.
Soy el río bajo la central nuclear, que milagrosamente aún conserva su fauna.
Soy el juguete divertido de los orcos.
Soy la cebada de un cultivo escolar.
Soy la hermana mayor de la disputa.
Soy el hermano pequeño de Farruquito.
Soy la copa del cotillón que no debiste beber.
Soy el mítico perro que confunden con rata.
Soy el pececillo payaso que a los 15 segundos ya no se acuerda ni en qué estanque vive.

Asín soy yo, qué le vamos a haser.
Ra


lunes, 21 de mayo de 2007

EL POSTRE

Y me empalago,
me abrasa los labios el chocolate,
la nata comienza a irritar mis ojos,
al roer el bizcocho, sangran encías...
Y me engollipo,
¡como me escuece pisar hojaldre!
pura agonía, palabra compota,
pierdo el sentido al ahogarme en almíbar...
Y me desmayo.
No sois mi mundo,
no os pertenezco.

Ra

IN THE CLOSER

Sin mas remedio debo hacerlo
dos cuchillos peinan el suelo
y me sumerjo en la claridad
sucia y sumisa frente a este altar
blasfemar sólo lo haré una vez:
cago en los muertos de mi vidé.

Ra

ASPAS

Sonido hipnotizador, monótono,
el latir de tus aspas,
me mantienen en vida
mientras una brisa inócua recorre tu carcasa,
haciéndote aparentemente invisible,
moliendo información,
refrescando tu habitáculo,
cableando tus sensaciones.


Ra

martes, 15 de mayo de 2007

EL ÁRBOL

Se arrancó lentamente un trozo de su propia corteza y aparecieron doce babosas desorientadas, reptando por todas las hojas que dos días antes había mudado. Algunas se volvieron agradecidas y con una solemne reverencia marcharon hacia atrás contorneando de derecha a izquierda sus húmedos cuerpecillos.
Una de ellas preguntó:- y todas estas cicatrices, ¿cómo te las hiciste, o quién te las originó?- y le contestó- créeme, que lo que tú contemplas no son cicatrices, sino santas cruces, y al igual que te protegieron a tí, albergarán a tus hijos, y a los hijos de tus hijos, así el todopoderoso nos lo conceda con su infinita misericordia.
Y de esa manera, con la inclinación aprendida por sus padres, y heredada por los padres de sus padres, se alejó deslizando sus tiernas y jugosas curvas, futuro desayuno para los huéspedes del nido del árbol de enfrente, y a los nidos de sus nidos, hasta que el humano quiera.
Ra

jueves, 3 de mayo de 2007

CUAJO

Maratón de segundos
tumulto de peta zetas en la garganta
insomnio en mis manos
laberintos en mi cabeza
dientes autómatas
¡¡¡ te quieres dar prisa puñetas!!!
que tranquila que eres.

Ra.

martes, 1 de mayo de 2007

PRIMERAS IMPRESIONES

El otro día recibí una carta de mi hermano, y casualmente me mandó un poema que había escrito con uno de sus compañeros, y no he podido resistir la tentación de colgarla, significa mucho para él y para mi. Espero que os guste:



¿Por qué me miras así!!!
porque voy de esta manera,
acaso sabes quien soy,
soy un preso que a juicio llevan,
me mirais como si fuera un bicho raro
o alguien de otro planeta,
¿por qué?
porque en manos llevo dos malditas pulseras
y a mi lado dos policías con metralletas.
No me mires así, que puedo ser inocente,
y no juzgueis por habladuría de la gente.
Porque detrás de todo esto
una madre llora sin sesos diciendo:
"No juzgueis a mi niño
que no es un criminal
solo fue un pobre diablillo
que no entendía a la sociedad"

Jor Cai

jueves, 26 de abril de 2007

HAIKUS

La palmera
da mejores dátiles
cuanto más alto se trepa
***
En la orilla
las coñetas de mar
escupen su cortejo
***
En el bullicio
escucho mi cabello
cuando lo acaricio
***
Un guepardo
se confunde en la sabana
para cazar a su presa
(Hakuna Matata)
***
¿Servirá de alimento
el capullo abandonado
a la rama que lo acogió?
***
Reunión de golosos
los mosquitos
se dan un festín
***
Surco oscuro
en sábanas blancas
aprende la vida
***
Susurro encendido
de luciernagas oscuras
en el infierno forestal

Ra



lunes, 23 de abril de 2007

RE+FS

Me encuentro sola, totalmente sola
se oyen únicamente mis pisadas.
Detrás de ese umbral el pánico me acecha
y aunque vaya armada no dejan de temblar
los botones que sujeto con mis manos.
En mi mochila: balas, un par de hierbas
y un sinfín de objetos, aún por combinar.
Contacto contigo, veo a través de tí
y desde aquí tengo las mejores vistas,
estoy preparada para combatir, abro...
"I´m watching you watch over me
and i´ve got the greatest view from here"



Ya brotó por fin mi vena survival horror latente hasta este momento...
Ra.

GANSOS

Los gansos de mi ropero
acostumbrados al peso y la oscuridad
soportando mi pudor,
aglutinados
en silencio
vientre contra vientre
embriagados de naftalina.

Ra.

ADICCIÓN

Emoción adicta y fiel

a miel de tu heroina

pierdo la orientación

sin apenas ser vista

entre miles de abejas

que nadan en tu risa.



Ra.

martes, 17 de abril de 2007

Mi amigo Ramón dice que en estos tiempos que corren la televisión y los televisores vienen a ser la versión electrónica del diablo.
-¿Dónde tienen los televisores los cuernos?- le pregunto, divertido por su ocurrencia.
Me explica que los cuernos de los nuevos diablos electrónicos pueden ser perfectamente esas antenas que se colocan sobre los televisores para mejorar la imagen. Luego enciende un cigarrillo y me cuenta que hace un par de semanas tuvo la ocurrencia de enterrar su televisor portátil de diez pulgadas mientras estaban retransmitiendo uno de esos programas en los que la gente se insulta y se tira los trastos a la cabeza.
-Era una noche de plenilunio y hacía un calor sofocante -recuerda- Bajé al solar que hay delante de casa, puse el televisor en marcha y lo deposité cuidadosamente en el fondo de un pozo que había cavado aquella misma mañana al pie de un olivo. Luego empecé a echar la tierra removida encima del televisor sin que la presentadora y los concursantes se diesen cuenta. Fue así como consumé el primer televicidio de la historia...
... Me eché a reír y luego le pregunté:
- ¿Crees que con ese gesto lograste que toda una generación de energúmenos sepultasen sus redencillas y dedicasen su tiempo a otros menesteres más lucrativos?
Me miró ofendido y a la vez satisfecho, pues sabía que había captado mi atención con sólo unas cuantas parrafadas de ingenio locuaz. Parsimoniosamente, como si no tuviera valor el tiempo que malgastaba en perpetrar aquella incomprensible inhumación, señalándome el lugar exacto, cogió un último montoncillo de arena con su pala y lo colocó en la cima de aquel improvisado telesepulcro dejando apenas visibles aquellos cuernos de metal...- al menos las lombrices podrán sintonizar bien sus canales preferidos- elucubró mi viejo amigo con una mueca que ni el mismísimo Jim Carrey podría imitar. Para culminar su obra dio tres pequeños golpecillos para sellarlo bien y me invitó a pasar a su terracilla para degustar los riquísimos manjares que preparaba su esposa Rocío, mujer rechoncha y bien curtida de las que ya no se fabrican.
Lo cierto es que quedé un poco atolondrado después de tal banquete, y fruto del sopor achaqué el buen ánimo que se respiraba en el ambiente del autobús número 2 que me conducía a mi matadero remunerado, unas oficinas del tercer piso en el edificio Shindler de la Isla de la Cartuja, donde repartiría el correo junto con una tacita de café o té y la sección del diario preferida para cada uno de mis destinatarios, pero aquella tarde resultó ser muy diferente de las acostumbradas. Todos sonreían afanosamente y me dedicaban unas buenas tardes a las que tenía poca práctica de responder, incluso en uno de los folletos que guardé para Consuelo, la más chismosa y metomentodo de todas las secretarias, transcribía con instantánea incluida: "la reconciliación del siglo entre Marujita Díaz y Sara Montiel".
Me picó el gusanillo y consulté a escondidas de mis jefes un par de páginas rosas en la web de un portátil. Todas tenían un denominador común: el fin de las trifulcas. Me rasqué el poco cabello que todavía seguía floreciendo a duras penas en mi sesera y rápidamente consulté el calendario esperando encontrarme con el número 28, pero aunque fuera así, sería imposible destacar estos fenómenos a los santos inocentes, ya que reinaba Abril, así que, en una intentona desesperada por seguir con el bucle maravilloso al que creía ser testigo, agarré con todas mis fuerzas ese endemoniado cacharro dedicándole un refrán a su propietario que rezaba: "Inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada se puede prestar", me encaminé al jardín de mi querido amigo, cavé un gran hoyo y sepulté una página web donde pequeños chiquillos asustados forzaban posturas trapecistas con los calzoncillos por las rodillas con la esperanza de que en un par de semanas germinara algo mejor.
Ra.

sábado, 14 de abril de 2007

NOSTALGIA

El abuelo no hablaba.
Allí nos quedamos mirándolo sin saber qué hacer. Había dejado de hablar en el instante en que su relato iba tocando a su fin.
Sentados en un banco de un coqueto, pero no pequeño, parque; a mi abuelo se le escaparon dos traviesas lágrimas que pronto tardaron en recorrer sus dos mejillas ásperas y recién afeitadas. Yo me sentaba a su lado, y en su lado opuesto estaba mi hermano aún más pequeño que yo, le sostenía la mano. Mi hermano desde su lado izquierdo asomó la cabeza y me buscó, yo asomé la mía y nos miramos durante dos o tres segundos, luego le miramos a él. Con la vista hacia el cielo, mi abuelo parecía pedir a Dios que le ayudase a continuar con la historia, como si se le hubiese olvidado lo que seguía... o no.
Nos habló de una tierra, un lugar donde el sol descansa menos que aquí, el doble menos, donde la alegría ocupa cada rincón de sus calles estrechas, donde el mar deposita toda su sabiduría bañándola de ricos ostiones. Donde el blanco y verde de su bandera simboliza su pureza, y recuerda quizá los grandes campos de olivos y viñas. Donde el abuelo creyó, que Dios copió su paraíso y lo nombró Andalucía, al igual que hizo el hombre a semejanza propia. Paraíso de coplas, paraíso de sol, paraíso pobre...
Allí ahogan sus penas cantándole al alba, allí olvidan sus miserias los muchos campesinos, bailando por sevillanas. Allí no lloran sus desgracias, se la comen, y siguen doblando su espalda en los campos de los ricos por cuatro pesetas.
A ese lugar quería mi abuelo llevarnos, para conocer más íntimamente al verdadero sol, para alegrar mi alma y dar alegre muerte a la suya...
De nuevo reanudó su historia, me apretó fuertemente la mano y dijo que no podría morir sin llevarnos consigo a su tierra.
Su mano morena, que contrastaba con mi blanca piel, inmensa y áspera me transmitía seguridad, me encontraba protegido.
Mi hermano no se inmutaba, y pensé el porque de que mi abuelo nunca nos contara la razón de la diferencia entre su piel y su pelo tan moreno, la causa de que nuesra piel sea tan blanca y nuestros pelos, tan rubios. O el porque también de que nunca riésemos como él, que lo hacía a carcajadas mientras que nosotros solo sabíamos mirarlo y buscarle una explicación a sus risotadas. Por qué cuando hablaba siempre reía al final, el motivo de sus atracones de comida, de sus refranes incomprensibles y de sus chistes que solo hacían reír a su hijo, que era mi padre.
Y en este momento me abría su corazón, me explicaba todo ahora. Pasaba la manga de su jersey a cuadros azules que tanto le gustaba para secar sus lágrimas, pero nunca conseguía borrarlas. Hizo un gesto con la cabeza hacia los lados y dijo en voz baja;"Ya es tarde...". Hacía poco que había llovido y parecía que volvería a llover, como de costumbre. Era hora de cenar, las cuatro y cuarto de la tarde. Me preguntó mi abuelo la hora por el camino a casa, y cuando se la dije, me comentó que a esa hora allí en su tierra sus paisanos estarían durmiendo la siesta para afrontar todo lo que queda de tarde que era larga, todo eso quedaba lejos de mi mente, para mí siempre estaba oscuro y lloviendo... aunque luego me tuvo que explicar qué significaba la palabra siesta.
Al llegar a mi casa, mi hermano subió a su habitación, y yo me quedé allí con él, sentado en mi salón. Esperó que se fuera mi madre, que salió a recibirnos, y luego se dirigió a mí y me contó que su final estaba cerca, que lo soñó, pero que no quería preocupar a nadie, y menos a mí. Yo no supe que decir. Me dijo que hiciéramos lo posible para ir allí, que no se moriría sin antes vernos correr por la arena de la playa, ver nuestros rostros al ser bañados nuestros piés por el agua de mar, o vernos juguetear y correr entre los olivos, conocer el sabor de una tostada con aceite de su tierra...
De pronto me vi allí, me vi descalzo sobre la arena fina, y a mi abuelo flotar en el aire, repetía mi nombre, y me decía que había llegado, que llegó su alma, pero sus lágrimas no se borraban por mucho que se las frotase. Brotaban como una gran fuente... Entonces entendí que vivía inmerso en un gran dolor, que había algo que hacer por él...
Desperté sobresaltado, miré por la ventana, todo estaba oscuro, recordé mi sueño y caí pronto en la cuenta. Me levanté y mirando hacia el cielo le dije a mi abuelo:" Deja de llorar abuelo, no sufras, descansarás en paz en tu querida Andalucía".


Miguel Angel Sánchez Parra.


Casi los mismos que en la otra foto (adivinad quién es quién y cuales faltan y sobran...si quereis) aunque conmigo no hay ninguna duda: QUE FEAAAAAAAAAA
Ra

lunes, 9 de abril de 2007

12 LEONES

El agua refleja mi rostro, las gotas traviesas que saltan de la fuente van a parar a mi turbante, me froto los ojos, "Alá es grande..." desde su interior, doce leones, doce guerreros leales, arrojan agua y muestran la belleza de la vida.
Observo a mi alrededor, grandes salas ante mi..."Te veo fascinado, Ibn, no esperabas tal maravilla, ¿cierto?". Todavía sigo ensimismado mirando y descubriendo tal inmenso patio, sin olvidarme de todo lo anterior ya visto. Oigo que sigue hablando, pero mi corazón sigue inmerso en esta paraíso acuático.
"...aún quedan varias cosas, mi estimado poeta, he estado ocupado con el asunto de mi camarada y aliado cristiano, ese buen Don Pedro, rey de los infieles, a quen lo asesinaron su propia gente..."Cristiano, era la palabra que más me llamó la atención, no puedo evitar interrumpir y le digo "esos cristianos... no nos dejarán en paz hasta acabar con nuestro reinado. Al-Andalus es nuestra, Alá lo dice, y nuestra seguirá siendo." "Alá te oiga hermano, Alá te oiga..." se tomó un respiro y con la mirada perdida en el cielo, continuó. "Ibn, amigo mío, embellece este lugar con tus palabras, tengo que ocuparme de otras cosas, que Alá te proteja". Le despido del mismo modo, "Que Alá le bendiga su majestad."
Mi interior sabía que este lugar no se podría embellecer más, ya que es imposible luchar contra lo divino, aunque aun así, algunos versos del Corán le valdría para engrandecer un poco más este maravilloso palacio.
Vaya, el canto... el Almuédano llama a la oración tan puntual como siempre, me arrodillo allí mismo, que mejor sitio que el mismo paraíso...
Aunque estaba recién construida, paso a la sala que parece ser la más amplia, y al entrar quedo más fascinado si cabe, levanto mi mirada hacia el techo, y sé que lo que veo no podía ser humano. El gran cielo estrellado que ayer contemplé desde los hardines del palacio está atrapado aquí, el gran cielo que soñé varias veces. De nuevo, me vino a la mente la pesadilla que tuve después de soñar con ese cielo inmenso... y pensé qué sería de nosotros si algún día los cristianos analfabetos tomaran Al-Andalus. Sería el adiós a nuestro arte, el comienzo del barbarismo...
Así que volví al patio, y me senté junto a uno de los canales de la fuente. El león no parecía sonreir. Me quedé mirando al agua cristalina que, a pesar del ruido y del ajetreo provocado al caer al agua desde las fauces del león, bajaba tranquila y serena. Parecía mirarme a un espejo. Su sonido me envolvía, el relajante sonido del agua, añadido quizá al incesante olor del jazmín y las azucenas que me rodeaban. Mi sensación era de haber llegado al paraíso antes de tiempo, con uno de mis dedos toqué esa agua cristalina y eso provocó pequeñas ondas.
Pero mi visión se turbó extrañamente, el agua cristalina fue dejando paso al agua rojiza que emanaba ahora ese león que no sonreía, y el agua rojiza comenzaba a invadir a esa agua cristalina. Me froté de nuevo los ojos, incrédulo, moví la cabeza ligeramente con los ojos cerrados, "son cosas mías", pensé. Abrí de nuevo los ojos y aún seguía ese color rojizo que se hacía cada vez más fuerte... y ese olor... ese olor me resultaba familiar... sangre, era sangre, el león emanaba ahora sangre. Mis manos manchadas no fueron capaces de moverse, "¡Por Alá!" grité, pero estaba solo...
Una imagen comenzaba a formarse, sucedía en la superficie, mi corazón sintió dolor sin saber porqué, mi terror ante las escenas fue inexplicable, mis piernas temblaban de pavor, no quería mirar pero algo me forzaba a hacerlo: hordas cristianas a caballo, sangre musulmana, sangre de mis hermanos, de Alá. Mujeres y niños huyendo despavoridas ante las espadas cristianas, se veía y se oía ya, el llanto de Alá. Mucha agitación, ruido de espadas y visiones sangrientas.
Escenas que finalizaban lentamente, haciéndose cada vez más borrosas, los gritos y ruidos desaparecían ya, poco a poco, y el león que no sonreía comenzaba también a emanar agua limpia. La sangre fue dejando paso al agua cristalina, pero yo seguí inmóvol allí, sin dejar de mirar al agua. Una vez cristalizada el agua, una imagen cristiana me miraba, fijamente, sin pestañear. Respiraba ruidosamente, parecía perturbado, al igual que yo, pero quieto. La imagen del rostro de un castellano se reflejaba nítidamente donde yo miraba, y sonreí, al igual que él y de la misma forma.
Me agaché junto al canal, justo como él, y mi mano fue a tocar a la imagen, cose que hacía de igual modo la imagen castellana, como si quisiera tocarme a mí también. Toqué el agua con mis dedos y de nuevo ondas pequeñas dispersas hicieron a la imagen del castellano tambalearse, una vez las ondas huyeron, esa imagen seguía allí. Entonces mis manos me las llevé a mis mejillas, y el cristiano hizo lo mismo. Sentí una rara sensación, parecía que todo lo que hacía yo, lo hacía él también.
Dirijo mi mirada a la salida del patio, y llego hasta ella, luego medienta salas y pequeños patios, salgo a un gran bosque de jardines y flores en el que miles de niños correteaban y chillaban. Los jardines estaban rodeados de cuerdas, y pequeños carteles que explicaban cosas, aquello me pareció muy raro.
De pronto alguien llama mi atención portando una bandera pequeña blanca y verde, que se dirige hacia mí y me pregunta:"¡Don Paco!,¡Don Paco!...¿Cuándo cantábamos el himno de Andalucía?

Miguel Arcángel Sánchez Parra.

Éste es el legado andalusí de la familia Sánchez, el autor de este relato es el chico más alto de la foto, mi primo "Miguelito", los demás, empezando desde la izquierda: Ra (yo), mi prima Fanir, mi prima Tamara, mi primo Dani, mi prima Kukina, mi hermano Jorge (el Cai) ,mi prima Sara y el pequeñillo que está conmigo es mi primillo Javier...y sí, el de la tele es Bisbi.
Ra.
Ra.

miércoles, 4 de abril de 2007

BUDA

Temblorosa, frágil,
oscilando entre el abismo de mi cabello,
adornada sin cesar , sin descanso,
de alhajas desnudas e incómodas,
colgona...
así se me quedó...
y pensar que en Zambia (por poner un lugar),
es símbolo de belleza...
lo llego a saber y me agujerea el lóbulo SU PADRE.




Ra.

RISAS ESTERTÓREAS

Se me acaba la vida,
te oigo y me falla el aliento,
rodeada me encuentro de silencosos estertores
que acaban rompiendo en un vallado de espinas metálicas,
lagrimeando de felicidad...
yo es que me parto de risa con tus ocurrencias.


Ra.

NO ABANDONAR

Proverbio 3º, versículo 5º bajo A según san Ra:

"No codiciarás los poemas ajenos,

no robarás ideas a tus compañeros,

y no abandonarás el taller despues de santificar las fiestas..."


Ra


lunes, 26 de marzo de 2007

TRIO DE LIRAS

Tachones en miradas
que al infinito querrían escapar
de muy crudas redadas
comenzaron a sangrar
para con ello por fin ciegas quedar
***
Prefiero quedar quieta
y deleitarme con unos susurros
a escuchar la opereta
de centenar de brutos
que su verdad imponen a los justos
***
No quiero ser adulta
y de mentiras empapelar mi hogar
deseo ser más adulta
y no dejar de jugar
pues con ello enriquezco mi paladar
***
Ra.



jueves, 22 de marzo de 2007

EXTENSIONES EN MIS MANOS

Diez dedos coronan mis manos,
todos diferentes, todos parecidos,
y unidos por una palma en común,
gemelos unos de otros.
***
Mi pulgar derecho es llanura de maravillosa simplicidad y cercanía,
el pilar de mis pensamientos,
y el izquierdo es elocuente y pasional,
escondite de mi niñez y guía del arte;
***
Mi índice izquierdo, con su misticismo ilustrado y templanza bohemia
me señala un mar al que poco a poco pierdo el miedo de entrar,
y el derecho rebosa inteligencia y sabiduría
en sus labios de gacela, siempre segura del camino a seguir;
***
Mi corazón izquierdo, escondido detrás del bolígrafo,
es el que narra con mayor exactitud y locuacidad,
conecta con armonía lo real y lo imaginario,
y el derecho es suficientemente largo para albergar
un corazón noble de corte burgués y de exquisito paladar,
corazones misteriosos, gallegos, fantasmas
y todos aquellos que se quieran sumar;
***
Mi anular izquierdo tiene la serenidad y el vigor
propias de una matriarca amazona,
tallada en diamante,
y el derecho vive comprometido hasta la saciedad
con lo que más ama,
cubierto por una uña siempre sonriente y amable;
***
Por último, pero no menos importantes:
Mi meñique izquierdo es la flor de la ternura
que sabe a caricias de melocotón concentrado,
al que el mismo David Bowie dedicó una danza,
y mi derecho, casualmente, es de falange torcida,
por ser demasiado inquieta y juguetona,
la más alocada e inconsciente de todas
viviendo en su mundo aparte.
***
Juntos forman un gran equipo,
sin ellos estaría perdida.
Hasta el martes, mis deditos queridos.


Ra.

jueves, 15 de marzo de 2007

ANTE EL ESPEJO

-Buenos días, tita, que tal, como nos hemos levantado hoy.

-Pos ya me ves, con los ojos pegaos todavía.

-La verdad es que no tenemos buena cara hoy, ¿eh?

-Pos anda que tú.

-Estamos un poquito pálidas, ¿no te parece?

-Tu no puedes ser como el de Blancanieves, ¿verdad?

-Además, nos sobras unos cuantos quisigüiquis*, a ver si nos apuntamos a un gimnasio, floja.

-¿Es que no sabes todavía que con la rodilla e´baratá no podemos movernos mucho?

-Perdona, hija, no me acordaba, como siempre te veo de cintura p´arriba.

-Verdad, jajaja.

-Al menos cuando nos reimos se nos forman unos hoyuelos muy simpáticos bajo los ojos.

-Y con un poco de pote por aquí, y un poco de antiojeras por allá, hasta parecemos mas monas de lo que somos.

-Ea, pos peinemonos un poco que si nos ve la Nuria con estas pintas...

-Va a aprender a pronunciar antes "peluquería" que "mamá".

-Pos ala, hasta luego jachonda, y no te olvides de limpiarte los mocos, despistá.

-Ui, es verdad, menos mal que te has dado cuen, qué sería yo sin tí.

-¿Un vampiro?...

QUISIGÜIQUI: Dícese de mi michelín cariñosamente apodado por mi hermano Jorge.




Ra

OCASO LENTO

No te embarques, marinero
hacia esa fria tempestad
que carcome lo que toca
y no distingue la bondad
de quienes por necesidad
se adentran en su oscuridad,
que corra veloz el tiempo
que la agonía sea leve
pues no podré protegerte
cuando el tercer reino llegue,
el reino diminuto, bullicioso,
pausado y prevalecedor
que te guía con sonidos
contaminados de espesura
preferible es ser mediocre
a ser insecto osado
No sigas por ese camino
que poco a poco se hace
opaco y desconocido
para así engañarte,
quédate quieto, no te muevas
que no te distingan de tu sombra
esas luces terrenales
que alocadas te azotan.

####

Acércate, pequeño grumete
hacia mí cálido despertar
pues no distingo nada más
que tu intención razonable
de viajar hacia un bienestar
que hoy voy a mostrarte,
en mi reino distinguiré
a quienes demuestren valor
de penetrar en mí
a paso lento y precoz,
pues mis pequeños destellos
anhelan encontrarte
y por fin cubrirte
de atenciones y metales...
lo que tú te mereces.




Ra