sábado, 14 de abril de 2007

NOSTALGIA

El abuelo no hablaba.
Allí nos quedamos mirándolo sin saber qué hacer. Había dejado de hablar en el instante en que su relato iba tocando a su fin.
Sentados en un banco de un coqueto, pero no pequeño, parque; a mi abuelo se le escaparon dos traviesas lágrimas que pronto tardaron en recorrer sus dos mejillas ásperas y recién afeitadas. Yo me sentaba a su lado, y en su lado opuesto estaba mi hermano aún más pequeño que yo, le sostenía la mano. Mi hermano desde su lado izquierdo asomó la cabeza y me buscó, yo asomé la mía y nos miramos durante dos o tres segundos, luego le miramos a él. Con la vista hacia el cielo, mi abuelo parecía pedir a Dios que le ayudase a continuar con la historia, como si se le hubiese olvidado lo que seguía... o no.
Nos habló de una tierra, un lugar donde el sol descansa menos que aquí, el doble menos, donde la alegría ocupa cada rincón de sus calles estrechas, donde el mar deposita toda su sabiduría bañándola de ricos ostiones. Donde el blanco y verde de su bandera simboliza su pureza, y recuerda quizá los grandes campos de olivos y viñas. Donde el abuelo creyó, que Dios copió su paraíso y lo nombró Andalucía, al igual que hizo el hombre a semejanza propia. Paraíso de coplas, paraíso de sol, paraíso pobre...
Allí ahogan sus penas cantándole al alba, allí olvidan sus miserias los muchos campesinos, bailando por sevillanas. Allí no lloran sus desgracias, se la comen, y siguen doblando su espalda en los campos de los ricos por cuatro pesetas.
A ese lugar quería mi abuelo llevarnos, para conocer más íntimamente al verdadero sol, para alegrar mi alma y dar alegre muerte a la suya...
De nuevo reanudó su historia, me apretó fuertemente la mano y dijo que no podría morir sin llevarnos consigo a su tierra.
Su mano morena, que contrastaba con mi blanca piel, inmensa y áspera me transmitía seguridad, me encontraba protegido.
Mi hermano no se inmutaba, y pensé el porque de que mi abuelo nunca nos contara la razón de la diferencia entre su piel y su pelo tan moreno, la causa de que nuesra piel sea tan blanca y nuestros pelos, tan rubios. O el porque también de que nunca riésemos como él, que lo hacía a carcajadas mientras que nosotros solo sabíamos mirarlo y buscarle una explicación a sus risotadas. Por qué cuando hablaba siempre reía al final, el motivo de sus atracones de comida, de sus refranes incomprensibles y de sus chistes que solo hacían reír a su hijo, que era mi padre.
Y en este momento me abría su corazón, me explicaba todo ahora. Pasaba la manga de su jersey a cuadros azules que tanto le gustaba para secar sus lágrimas, pero nunca conseguía borrarlas. Hizo un gesto con la cabeza hacia los lados y dijo en voz baja;"Ya es tarde...". Hacía poco que había llovido y parecía que volvería a llover, como de costumbre. Era hora de cenar, las cuatro y cuarto de la tarde. Me preguntó mi abuelo la hora por el camino a casa, y cuando se la dije, me comentó que a esa hora allí en su tierra sus paisanos estarían durmiendo la siesta para afrontar todo lo que queda de tarde que era larga, todo eso quedaba lejos de mi mente, para mí siempre estaba oscuro y lloviendo... aunque luego me tuvo que explicar qué significaba la palabra siesta.
Al llegar a mi casa, mi hermano subió a su habitación, y yo me quedé allí con él, sentado en mi salón. Esperó que se fuera mi madre, que salió a recibirnos, y luego se dirigió a mí y me contó que su final estaba cerca, que lo soñó, pero que no quería preocupar a nadie, y menos a mí. Yo no supe que decir. Me dijo que hiciéramos lo posible para ir allí, que no se moriría sin antes vernos correr por la arena de la playa, ver nuestros rostros al ser bañados nuestros piés por el agua de mar, o vernos juguetear y correr entre los olivos, conocer el sabor de una tostada con aceite de su tierra...
De pronto me vi allí, me vi descalzo sobre la arena fina, y a mi abuelo flotar en el aire, repetía mi nombre, y me decía que había llegado, que llegó su alma, pero sus lágrimas no se borraban por mucho que se las frotase. Brotaban como una gran fuente... Entonces entendí que vivía inmerso en un gran dolor, que había algo que hacer por él...
Desperté sobresaltado, miré por la ventana, todo estaba oscuro, recordé mi sueño y caí pronto en la cuenta. Me levanté y mirando hacia el cielo le dije a mi abuelo:" Deja de llorar abuelo, no sufras, descansarás en paz en tu querida Andalucía".


Miguel Angel Sánchez Parra.


Casi los mismos que en la otra foto (adivinad quién es quién y cuales faltan y sobran...si quereis) aunque conmigo no hay ninguna duda: QUE FEAAAAAAAAAA
Ra

3 comentarios:

Escuela de Letras Libres dijo...

¿Tu primo?...¿Tu primo?...¡Tu primo lo qe e un montruo! ¡Vaya tela, como emociona el tio!
Muy bueno el cuento.

Taelmarte...

Ah...y tu no estas fea ni en las fotos viejas.

Escuela de Letras Libres dijo...

Qué arte tiene tu primo Raquel, vaya que si emociona, como dice Antonio. Ufff y eso de que no lloran su desgracia, se la comen, que bueno!!
Qué alegría de blogs y de taller la de cosas que estamos compartiendo.

Y de fea ni mijita, que no te escuche yo más decir eso.

Muchos besitos.

Eva.

M.Luz dijo...

Está de lo más entretenio tu blog, Ra, con las fotitos y todo... Tu primo, todo un andaluz de pro, de los que hacen falta y con buena letra. Y en esa foto de chica estás mu graciosa.

como dece el antoñin: talmarteeeee