martes, 15 de mayo de 2007

EL ÁRBOL

Se arrancó lentamente un trozo de su propia corteza y aparecieron doce babosas desorientadas, reptando por todas las hojas que dos días antes había mudado. Algunas se volvieron agradecidas y con una solemne reverencia marcharon hacia atrás contorneando de derecha a izquierda sus húmedos cuerpecillos.
Una de ellas preguntó:- y todas estas cicatrices, ¿cómo te las hiciste, o quién te las originó?- y le contestó- créeme, que lo que tú contemplas no son cicatrices, sino santas cruces, y al igual que te protegieron a tí, albergarán a tus hijos, y a los hijos de tus hijos, así el todopoderoso nos lo conceda con su infinita misericordia.
Y de esa manera, con la inclinación aprendida por sus padres, y heredada por los padres de sus padres, se alejó deslizando sus tiernas y jugosas curvas, futuro desayuno para los huéspedes del nido del árbol de enfrente, y a los nidos de sus nidos, hasta que el humano quiera.
Ra

2 comentarios:

Escuela de Letras Libres dijo...

Y un día puede que una de esas babosas desaprenda a inclinarse como le enseñaron sus padres y los padres de sus padres...

Muchos besitos de Eva pa ti, pa Nuria y pa ese niño tan rubito cuando lo veas.

Raquelilla dijo...

A ver si es pronto, tita, que llevo más de un mes sin verle esos rizos dorados