jueves, 26 de abril de 2007

HAIKUS

La palmera
da mejores dátiles
cuanto más alto se trepa
***
En la orilla
las coñetas de mar
escupen su cortejo
***
En el bullicio
escucho mi cabello
cuando lo acaricio
***
Un guepardo
se confunde en la sabana
para cazar a su presa
(Hakuna Matata)
***
¿Servirá de alimento
el capullo abandonado
a la rama que lo acogió?
***
Reunión de golosos
los mosquitos
se dan un festín
***
Surco oscuro
en sábanas blancas
aprende la vida
***
Susurro encendido
de luciernagas oscuras
en el infierno forestal

Ra



lunes, 23 de abril de 2007

RE+FS

Me encuentro sola, totalmente sola
se oyen únicamente mis pisadas.
Detrás de ese umbral el pánico me acecha
y aunque vaya armada no dejan de temblar
los botones que sujeto con mis manos.
En mi mochila: balas, un par de hierbas
y un sinfín de objetos, aún por combinar.
Contacto contigo, veo a través de tí
y desde aquí tengo las mejores vistas,
estoy preparada para combatir, abro...
"I´m watching you watch over me
and i´ve got the greatest view from here"



Ya brotó por fin mi vena survival horror latente hasta este momento...
Ra.

GANSOS

Los gansos de mi ropero
acostumbrados al peso y la oscuridad
soportando mi pudor,
aglutinados
en silencio
vientre contra vientre
embriagados de naftalina.

Ra.

ADICCIÓN

Emoción adicta y fiel

a miel de tu heroina

pierdo la orientación

sin apenas ser vista

entre miles de abejas

que nadan en tu risa.



Ra.

martes, 17 de abril de 2007

Mi amigo Ramón dice que en estos tiempos que corren la televisión y los televisores vienen a ser la versión electrónica del diablo.
-¿Dónde tienen los televisores los cuernos?- le pregunto, divertido por su ocurrencia.
Me explica que los cuernos de los nuevos diablos electrónicos pueden ser perfectamente esas antenas que se colocan sobre los televisores para mejorar la imagen. Luego enciende un cigarrillo y me cuenta que hace un par de semanas tuvo la ocurrencia de enterrar su televisor portátil de diez pulgadas mientras estaban retransmitiendo uno de esos programas en los que la gente se insulta y se tira los trastos a la cabeza.
-Era una noche de plenilunio y hacía un calor sofocante -recuerda- Bajé al solar que hay delante de casa, puse el televisor en marcha y lo deposité cuidadosamente en el fondo de un pozo que había cavado aquella misma mañana al pie de un olivo. Luego empecé a echar la tierra removida encima del televisor sin que la presentadora y los concursantes se diesen cuenta. Fue así como consumé el primer televicidio de la historia...
... Me eché a reír y luego le pregunté:
- ¿Crees que con ese gesto lograste que toda una generación de energúmenos sepultasen sus redencillas y dedicasen su tiempo a otros menesteres más lucrativos?
Me miró ofendido y a la vez satisfecho, pues sabía que había captado mi atención con sólo unas cuantas parrafadas de ingenio locuaz. Parsimoniosamente, como si no tuviera valor el tiempo que malgastaba en perpetrar aquella incomprensible inhumación, señalándome el lugar exacto, cogió un último montoncillo de arena con su pala y lo colocó en la cima de aquel improvisado telesepulcro dejando apenas visibles aquellos cuernos de metal...- al menos las lombrices podrán sintonizar bien sus canales preferidos- elucubró mi viejo amigo con una mueca que ni el mismísimo Jim Carrey podría imitar. Para culminar su obra dio tres pequeños golpecillos para sellarlo bien y me invitó a pasar a su terracilla para degustar los riquísimos manjares que preparaba su esposa Rocío, mujer rechoncha y bien curtida de las que ya no se fabrican.
Lo cierto es que quedé un poco atolondrado después de tal banquete, y fruto del sopor achaqué el buen ánimo que se respiraba en el ambiente del autobús número 2 que me conducía a mi matadero remunerado, unas oficinas del tercer piso en el edificio Shindler de la Isla de la Cartuja, donde repartiría el correo junto con una tacita de café o té y la sección del diario preferida para cada uno de mis destinatarios, pero aquella tarde resultó ser muy diferente de las acostumbradas. Todos sonreían afanosamente y me dedicaban unas buenas tardes a las que tenía poca práctica de responder, incluso en uno de los folletos que guardé para Consuelo, la más chismosa y metomentodo de todas las secretarias, transcribía con instantánea incluida: "la reconciliación del siglo entre Marujita Díaz y Sara Montiel".
Me picó el gusanillo y consulté a escondidas de mis jefes un par de páginas rosas en la web de un portátil. Todas tenían un denominador común: el fin de las trifulcas. Me rasqué el poco cabello que todavía seguía floreciendo a duras penas en mi sesera y rápidamente consulté el calendario esperando encontrarme con el número 28, pero aunque fuera así, sería imposible destacar estos fenómenos a los santos inocentes, ya que reinaba Abril, así que, en una intentona desesperada por seguir con el bucle maravilloso al que creía ser testigo, agarré con todas mis fuerzas ese endemoniado cacharro dedicándole un refrán a su propietario que rezaba: "Inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada se puede prestar", me encaminé al jardín de mi querido amigo, cavé un gran hoyo y sepulté una página web donde pequeños chiquillos asustados forzaban posturas trapecistas con los calzoncillos por las rodillas con la esperanza de que en un par de semanas germinara algo mejor.
Ra.

sábado, 14 de abril de 2007

NOSTALGIA

El abuelo no hablaba.
Allí nos quedamos mirándolo sin saber qué hacer. Había dejado de hablar en el instante en que su relato iba tocando a su fin.
Sentados en un banco de un coqueto, pero no pequeño, parque; a mi abuelo se le escaparon dos traviesas lágrimas que pronto tardaron en recorrer sus dos mejillas ásperas y recién afeitadas. Yo me sentaba a su lado, y en su lado opuesto estaba mi hermano aún más pequeño que yo, le sostenía la mano. Mi hermano desde su lado izquierdo asomó la cabeza y me buscó, yo asomé la mía y nos miramos durante dos o tres segundos, luego le miramos a él. Con la vista hacia el cielo, mi abuelo parecía pedir a Dios que le ayudase a continuar con la historia, como si se le hubiese olvidado lo que seguía... o no.
Nos habló de una tierra, un lugar donde el sol descansa menos que aquí, el doble menos, donde la alegría ocupa cada rincón de sus calles estrechas, donde el mar deposita toda su sabiduría bañándola de ricos ostiones. Donde el blanco y verde de su bandera simboliza su pureza, y recuerda quizá los grandes campos de olivos y viñas. Donde el abuelo creyó, que Dios copió su paraíso y lo nombró Andalucía, al igual que hizo el hombre a semejanza propia. Paraíso de coplas, paraíso de sol, paraíso pobre...
Allí ahogan sus penas cantándole al alba, allí olvidan sus miserias los muchos campesinos, bailando por sevillanas. Allí no lloran sus desgracias, se la comen, y siguen doblando su espalda en los campos de los ricos por cuatro pesetas.
A ese lugar quería mi abuelo llevarnos, para conocer más íntimamente al verdadero sol, para alegrar mi alma y dar alegre muerte a la suya...
De nuevo reanudó su historia, me apretó fuertemente la mano y dijo que no podría morir sin llevarnos consigo a su tierra.
Su mano morena, que contrastaba con mi blanca piel, inmensa y áspera me transmitía seguridad, me encontraba protegido.
Mi hermano no se inmutaba, y pensé el porque de que mi abuelo nunca nos contara la razón de la diferencia entre su piel y su pelo tan moreno, la causa de que nuesra piel sea tan blanca y nuestros pelos, tan rubios. O el porque también de que nunca riésemos como él, que lo hacía a carcajadas mientras que nosotros solo sabíamos mirarlo y buscarle una explicación a sus risotadas. Por qué cuando hablaba siempre reía al final, el motivo de sus atracones de comida, de sus refranes incomprensibles y de sus chistes que solo hacían reír a su hijo, que era mi padre.
Y en este momento me abría su corazón, me explicaba todo ahora. Pasaba la manga de su jersey a cuadros azules que tanto le gustaba para secar sus lágrimas, pero nunca conseguía borrarlas. Hizo un gesto con la cabeza hacia los lados y dijo en voz baja;"Ya es tarde...". Hacía poco que había llovido y parecía que volvería a llover, como de costumbre. Era hora de cenar, las cuatro y cuarto de la tarde. Me preguntó mi abuelo la hora por el camino a casa, y cuando se la dije, me comentó que a esa hora allí en su tierra sus paisanos estarían durmiendo la siesta para afrontar todo lo que queda de tarde que era larga, todo eso quedaba lejos de mi mente, para mí siempre estaba oscuro y lloviendo... aunque luego me tuvo que explicar qué significaba la palabra siesta.
Al llegar a mi casa, mi hermano subió a su habitación, y yo me quedé allí con él, sentado en mi salón. Esperó que se fuera mi madre, que salió a recibirnos, y luego se dirigió a mí y me contó que su final estaba cerca, que lo soñó, pero que no quería preocupar a nadie, y menos a mí. Yo no supe que decir. Me dijo que hiciéramos lo posible para ir allí, que no se moriría sin antes vernos correr por la arena de la playa, ver nuestros rostros al ser bañados nuestros piés por el agua de mar, o vernos juguetear y correr entre los olivos, conocer el sabor de una tostada con aceite de su tierra...
De pronto me vi allí, me vi descalzo sobre la arena fina, y a mi abuelo flotar en el aire, repetía mi nombre, y me decía que había llegado, que llegó su alma, pero sus lágrimas no se borraban por mucho que se las frotase. Brotaban como una gran fuente... Entonces entendí que vivía inmerso en un gran dolor, que había algo que hacer por él...
Desperté sobresaltado, miré por la ventana, todo estaba oscuro, recordé mi sueño y caí pronto en la cuenta. Me levanté y mirando hacia el cielo le dije a mi abuelo:" Deja de llorar abuelo, no sufras, descansarás en paz en tu querida Andalucía".


Miguel Angel Sánchez Parra.


Casi los mismos que en la otra foto (adivinad quién es quién y cuales faltan y sobran...si quereis) aunque conmigo no hay ninguna duda: QUE FEAAAAAAAAAA
Ra

lunes, 9 de abril de 2007

12 LEONES

El agua refleja mi rostro, las gotas traviesas que saltan de la fuente van a parar a mi turbante, me froto los ojos, "Alá es grande..." desde su interior, doce leones, doce guerreros leales, arrojan agua y muestran la belleza de la vida.
Observo a mi alrededor, grandes salas ante mi..."Te veo fascinado, Ibn, no esperabas tal maravilla, ¿cierto?". Todavía sigo ensimismado mirando y descubriendo tal inmenso patio, sin olvidarme de todo lo anterior ya visto. Oigo que sigue hablando, pero mi corazón sigue inmerso en esta paraíso acuático.
"...aún quedan varias cosas, mi estimado poeta, he estado ocupado con el asunto de mi camarada y aliado cristiano, ese buen Don Pedro, rey de los infieles, a quen lo asesinaron su propia gente..."Cristiano, era la palabra que más me llamó la atención, no puedo evitar interrumpir y le digo "esos cristianos... no nos dejarán en paz hasta acabar con nuestro reinado. Al-Andalus es nuestra, Alá lo dice, y nuestra seguirá siendo." "Alá te oiga hermano, Alá te oiga..." se tomó un respiro y con la mirada perdida en el cielo, continuó. "Ibn, amigo mío, embellece este lugar con tus palabras, tengo que ocuparme de otras cosas, que Alá te proteja". Le despido del mismo modo, "Que Alá le bendiga su majestad."
Mi interior sabía que este lugar no se podría embellecer más, ya que es imposible luchar contra lo divino, aunque aun así, algunos versos del Corán le valdría para engrandecer un poco más este maravilloso palacio.
Vaya, el canto... el Almuédano llama a la oración tan puntual como siempre, me arrodillo allí mismo, que mejor sitio que el mismo paraíso...
Aunque estaba recién construida, paso a la sala que parece ser la más amplia, y al entrar quedo más fascinado si cabe, levanto mi mirada hacia el techo, y sé que lo que veo no podía ser humano. El gran cielo estrellado que ayer contemplé desde los hardines del palacio está atrapado aquí, el gran cielo que soñé varias veces. De nuevo, me vino a la mente la pesadilla que tuve después de soñar con ese cielo inmenso... y pensé qué sería de nosotros si algún día los cristianos analfabetos tomaran Al-Andalus. Sería el adiós a nuestro arte, el comienzo del barbarismo...
Así que volví al patio, y me senté junto a uno de los canales de la fuente. El león no parecía sonreir. Me quedé mirando al agua cristalina que, a pesar del ruido y del ajetreo provocado al caer al agua desde las fauces del león, bajaba tranquila y serena. Parecía mirarme a un espejo. Su sonido me envolvía, el relajante sonido del agua, añadido quizá al incesante olor del jazmín y las azucenas que me rodeaban. Mi sensación era de haber llegado al paraíso antes de tiempo, con uno de mis dedos toqué esa agua cristalina y eso provocó pequeñas ondas.
Pero mi visión se turbó extrañamente, el agua cristalina fue dejando paso al agua rojiza que emanaba ahora ese león que no sonreía, y el agua rojiza comenzaba a invadir a esa agua cristalina. Me froté de nuevo los ojos, incrédulo, moví la cabeza ligeramente con los ojos cerrados, "son cosas mías", pensé. Abrí de nuevo los ojos y aún seguía ese color rojizo que se hacía cada vez más fuerte... y ese olor... ese olor me resultaba familiar... sangre, era sangre, el león emanaba ahora sangre. Mis manos manchadas no fueron capaces de moverse, "¡Por Alá!" grité, pero estaba solo...
Una imagen comenzaba a formarse, sucedía en la superficie, mi corazón sintió dolor sin saber porqué, mi terror ante las escenas fue inexplicable, mis piernas temblaban de pavor, no quería mirar pero algo me forzaba a hacerlo: hordas cristianas a caballo, sangre musulmana, sangre de mis hermanos, de Alá. Mujeres y niños huyendo despavoridas ante las espadas cristianas, se veía y se oía ya, el llanto de Alá. Mucha agitación, ruido de espadas y visiones sangrientas.
Escenas que finalizaban lentamente, haciéndose cada vez más borrosas, los gritos y ruidos desaparecían ya, poco a poco, y el león que no sonreía comenzaba también a emanar agua limpia. La sangre fue dejando paso al agua cristalina, pero yo seguí inmóvol allí, sin dejar de mirar al agua. Una vez cristalizada el agua, una imagen cristiana me miraba, fijamente, sin pestañear. Respiraba ruidosamente, parecía perturbado, al igual que yo, pero quieto. La imagen del rostro de un castellano se reflejaba nítidamente donde yo miraba, y sonreí, al igual que él y de la misma forma.
Me agaché junto al canal, justo como él, y mi mano fue a tocar a la imagen, cose que hacía de igual modo la imagen castellana, como si quisiera tocarme a mí también. Toqué el agua con mis dedos y de nuevo ondas pequeñas dispersas hicieron a la imagen del castellano tambalearse, una vez las ondas huyeron, esa imagen seguía allí. Entonces mis manos me las llevé a mis mejillas, y el cristiano hizo lo mismo. Sentí una rara sensación, parecía que todo lo que hacía yo, lo hacía él también.
Dirijo mi mirada a la salida del patio, y llego hasta ella, luego medienta salas y pequeños patios, salgo a un gran bosque de jardines y flores en el que miles de niños correteaban y chillaban. Los jardines estaban rodeados de cuerdas, y pequeños carteles que explicaban cosas, aquello me pareció muy raro.
De pronto alguien llama mi atención portando una bandera pequeña blanca y verde, que se dirige hacia mí y me pregunta:"¡Don Paco!,¡Don Paco!...¿Cuándo cantábamos el himno de Andalucía?

Miguel Arcángel Sánchez Parra.

Éste es el legado andalusí de la familia Sánchez, el autor de este relato es el chico más alto de la foto, mi primo "Miguelito", los demás, empezando desde la izquierda: Ra (yo), mi prima Fanir, mi prima Tamara, mi primo Dani, mi prima Kukina, mi hermano Jorge (el Cai) ,mi prima Sara y el pequeñillo que está conmigo es mi primillo Javier...y sí, el de la tele es Bisbi.
Ra.
Ra.

miércoles, 4 de abril de 2007

BUDA

Temblorosa, frágil,
oscilando entre el abismo de mi cabello,
adornada sin cesar , sin descanso,
de alhajas desnudas e incómodas,
colgona...
así se me quedó...
y pensar que en Zambia (por poner un lugar),
es símbolo de belleza...
lo llego a saber y me agujerea el lóbulo SU PADRE.




Ra.

RISAS ESTERTÓREAS

Se me acaba la vida,
te oigo y me falla el aliento,
rodeada me encuentro de silencosos estertores
que acaban rompiendo en un vallado de espinas metálicas,
lagrimeando de felicidad...
yo es que me parto de risa con tus ocurrencias.


Ra.

NO ABANDONAR

Proverbio 3º, versículo 5º bajo A según san Ra:

"No codiciarás los poemas ajenos,

no robarás ideas a tus compañeros,

y no abandonarás el taller despues de santificar las fiestas..."


Ra