jueves, 14 de febrero de 2008

AQUEL MELOCOTÓN QUE PASEA

Aquella muchacha caminando absorta por la calle, enfrascada en los cascos de su reproductor, no se percata de que un albañil cualquiera de cualquier construcción la mira fijamente...y se imagina su espalda receptiva a la mezcla de cae por ella, agrietándose poco a poco a su paso, como la tierra huérfana de río, hasta desembocar en las protuberancias de su trasero, las cuales él amasa dando forma de musa al bisto que se escapa calle abajo.
Aquella chica caminando al son de su música interior no se da cuenta de que un dependiente de compacs de una esquina cualquiera casualmente intuye de sus labios la canción que escucha...y la imagina protagonista de un videoclip bañada por la brisa de un ventilador improvisado que mece su cabello rozándole sus mejillas, sus ojos, quedando finalmente prisioneros en su carmín, mientras él la encuadra en sus manos cercando su fantasía y guardándola por mucho tiempo.
Esa niña de andares desiguales nisiquiera intuye que un médico cualquiera advierte su cojera...y la imagina desnuda en su consultorio con las puntas de sus melocotones erizadas, únicamente ataviada con unos calcetines blancos a la espera ansiosa del roce de su monóculo, expectante ante la cercanía de su piel mientras jadea consciente del sudor frio que despierta en él, abriéndole las piernas agradecida, dejándole oscultar su carencia de virginidad.
Una mujer que se cruza en un momento en la vida de otra mujer cualquiera frente a su escaparate de ropa interior...y la imagina en su vestidor probandose toda su colección, gustándose a sí misma en el espejo, frotándose con los dedos su sexo, acariciándose las nalgas sentada en el probador. La busca, la llama, la desea, y ella acude para arrancarle el sujetador de un mordisco, dibujando círculos con su lengua por los pezones hasta llegar a la porción de tarta mas deliciosa que haya probado nunca.
Aquel melocotón que cruza la carretera nunca sabrá todo lo que despierta una simple mirada suya.

Ra

2 comentarios:

Escuela de Letras Libres dijo...

Creo que la tarea consistía en conseguir sensaciones en el lector, o en nuestro caso, en el oyente. Tú lo has conseguido con creces. Casi se pueden visualizar, como si de volutas rizadas de humo se trataran, los deseos de los que miran a la despistada usuaria del MP3. Como siempre... ¡muy bueno!

Antoñín

Pedro dijo...

Muy bueno el texto, pero muy mal la foto. Tenías que haber colocado una foto tuya paseando con tus auriculares. Y no me vengas con eso de la vergüenza que todos sabemos que tú ya la perdiste hace tiempo.
En fin, lo cierto es que es una gozada tener textos como este tuyo siempre a mano, nunca se sabe cuando pueden hacer falta.
Hasta lueguín.
¡Ah! y gracias por echarle un vistazo a mi libro; a ver si no me olvido de seguir publicando.