sábado, 27 de septiembre de 2008

LA VIDA AUTÉNTICA

La vida de las personas- su vida auténtica, en contraposición a la mera existencia física- empieza en momentos diferentes...
Noriko nació heredando la tersura de una flor de lotto en la piel y la palidez de Saturno en su tez, pero ninguno de sus dones la salvó de un destino machista, predeterminado para su sexo en el imperio quizá mas longevo que ha vivido la tierra. Tras luchar contra los pormenores de su cultura y abrirse un pequeño hueco en el mundo de la astrología consiguió una beca para terminar unas investigaciones en un paraje al sur de Europa, concretamente un reino pintado de diferentes matices, entre ellos alcanzó reconocer por fotografías y documentales el aravesco, fruto de sus antepasados y andaluz.
Después de deambular de aeropuerto en aeropuerto decidió recorrer el último trayecto desde Madrir hasta Granada en tren. Su auténtica vida comenzó tras cerrarse las puertas de su vagón.
Al principio le costó acostumbrarse al vértigo que le produjo una estancia tan vacía, habituada a sentirse arropada por tanta multitud en el metro de su país, no sabía en quién apegarse, su cuerpo pequeño y lánguido dandaba a un lado y a otro, lo que la obligó a tomar asiento. Desde la ventana esbozaba la típica mirada melancólica de quienes ven correr ses mar como trigo que baña al horizonte, salpicado de notas semicorcheas dispuestas en un mismo tempo, incansable melodía del camino hacia su destino. Al bajar en la comunidad andaluza tomó un taxi que le condujo al observatorio donde debía reunirse con un notable geólogo lunar; desde hoy formaría parte de su plantilla. Cuando llegó a la recepción un muchacho moreno aún con síntomas de actividad volcánica en su rostro se presentó como aquel brillante científico que buscaba, y la sorpresa fue mayúscula a medida que iba conociendo al resto del equipo: parecían adolescentes sacados de una película de serie B: "chachijuerga en la facul" la podría denominar. Pero no por ello perdió las maneras y la compostura, fiel a sus raíces mostró una exacerbada simpatía y un impecable buen estar frente a esos colegiales. Tras ponerse al tanto de sus quehaceres rutinarios de ahí en adelante bajó a una sala bastante desordenada donde se suponía íba a desayunar todas las mañanas, luego de descartar todos los menús de la máquina expendedora de sandwiches probó sacar un té de la que había al lado; decepción número dos: la tacita de plástico le devolvió el poso de un café con leche bastante frío y agrio, y sin cucharilla. Mientras todos se acomodaban en una gran mesa repleta de plásticos abiertos y vasos derramados, Noriko apretó con el pulgar e índice de su coqueta mano izquierda su diminuta nariz y con la otra introdujo de un golpe el poco contenido que le había tocado en suerte, aguantando disimuladamente una inevitable arcada entre sus manos logró reponerse en cuestión de segundos y unirse al grupo.
Entre otras conversaciones pudo llegar a distinguir varias frases de una en concreto, y si bien ellos intentaban unirla a su debate ella sólo respondía con una sonrisa y un leve movimiento de cabeza. La que mas le llamó la atención la recitó aquel muchacho de cara de cráter que tanta repulsión le causó al principio: " La religión ha pretendido siempre abolir el sentido común." Desde ese instante su concepto físico pasó a un segundo plano prevaleciendo por momentos una curiosidad intelectual mas profunda. Poco duraría ese sentimiento, al igual que sus vanales existencias...
De pronto la superficie de todo el complejo comenzó a emitir lentos latidos ensordecedores y el suelo de la cafetería empezó a vibrar, aquel jueves de diciembre se unirían pánicos orientales y occidentales en un mismo edificio. Ante la incredulidad de tratarse de un posible terremoto salieron todos al patio trasero dudando de la fiabilidad de la cimentación y lo que presenciaron sería lo último que vieran sus ojos. El horizonte se arremolinaba en un bucle que moría en un pequeño punto negro, como si el tapón de desagüe del núcleo terrestre se hubiese soltado. Edificios, personas, terreno, todo parecía desvanecerse en una arrugada pintura abstracta. Noriko logró entender entre sollozos a una de las muchachas hablar de moléculas, agujero negro y acelerador de partículas. Sentimientos contradictorios comenzaron a recorrer todo su cuerpo: admiración y terror rodearon su pecho en una lucha encarnizada. El único impulso que prevaleció fue agarrarse lo mas fuerte que pudo a su compañero, aquel brillante chaval poco agraciado al cual ni en pesadillas hubiese tocado con un simple dedo. Su respuesta no fue otra que responder a su abrazo. Todo el proceso fue indoloro, mientras las moléculas de sus cuerpos se fundían en una sola arrastradas por la marea, la auténtica vida de aquel científico comenzó en ese instante.


Ra

1 comentario:

Pedro dijo...

Cuando se lee con detenimiento resulta más fácil sacarle todo el jugo a la narración. No tiene desperdicio, y el final... genial.
Nos vemos.