lunes, 17 de noviembre de 2008

AL FINAL DE LA ESCALERA

El pentagrama comienza a mostrarse variable, las notas semifusas se vuelven difusas, el ébano y el marfíl se unen en un tono anaranjado anunciando el preludio a un incendio. El compás del metrónomo se confunde al ritmo de los golpes: golpes provenientes del desvásn, a lo alto de una planta que no existe, o al menos eso parece en los planos modernos del caserón. El moderato pasa con brusquedad al presto, es cuando tapo mis oídos con las manos en un afán inútil de paliar esos golpes, cada vez más graves. Me obligan a dejar aparcada la melodía fúnebre y dirigirme hacia el último piso.
A medida que voy avanzando el sonido se vuelve más estridente y a la vez el ambiente adquiere un tono ardiente que va cobrando intensidad en los pisos superiores. La barandilla de madera está templada. En el segundo piso cesa el eco, parece ser que me voy acercando a su origen, pero unos cuantos escalones más comienzo a escuchar un ruido diferente: parecen ser botes en el suelo. Tal como vaticiné una pequeña pelota baja las escaleras; primero sus botes son pausados, pero a medida que desciende cobran velocidad. Me aparto y dejo que siga su curso. Mientras tanto sigo adelante dejando de apoyarme en el barandal, su candor ha aumentado descomunalmente. Al llegar al último piso se reanuda la pesadilla, las vibraciones casi me revientan los tímpanos. Logro adivinar de dónde provienen: justo dentro de un armario.
El cubículo es minúsculo pero corre un soplo de brisa al otro lado de las estanterías. Armado con un candelabro comienzo a romper el tabique después de desarmar las tablas, el estruendo de mis martillazos es acompañado por aquel ensordecedor compás. Al terminar la faena el ruido también cesa. Como sospeché el armario esconde un doble fondo; una puerta quebradiza oculta tras la pared me abre camino hacia unas escaleras que conducen a un desván. En él encuentro lo que parece ser el cuarto de un crío: figuras de soldaditos de plomo, cuadernos de caligrafía y bloques de construcción adornan un estudio cubierto por una capa de polvo y telarañas. A su lado una mini-silla de ruedas obstaculiza el camino hacia una vieja bañera de bronce. Un desconocido instinto me hace apartarla y acercarme al baño.
La visión aterradora de un niño ahogándose en él frena mi impulso de huir, sus lamentos ahogados solo son paliados por la resonancia que producen sus puños chocando contra las paredes de la cubeta. Sobre él un hombre lo mantiene hundido con sus brazos. Después de unos interminables y agónicos minutos los golpes disminuyen de intensidad hasta acabar rendidos en el silencio de la estancia. El sonido de unas pompas de agua preceden la desaparición del homicida, quedando sumergida la criatura en el fondo del baño. La voz de aquel chaval se vuelve susurro en mi mente:
-Mi medalla...padre...me llamo Joseph Carmichael.
Sus ojos inertes bajo el agua me hacen comprenderlo todo. Se me ha encomendado una misión: he de encontrar ese medallón, he de buscar sus restos, he de desenmascarar al senador Carmichael, he de vengar a ese niño.

Ra

11 comentarios:

JUAN dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JUAN dijo...

Has logrado lo que considero dificílísimo:atrapar al lector.
He estado en vilo durante toda la lectura del relato.
Gracias Raquel

Pedro dijo...

¡Madre mía! Raquel, vas a conseguir que nos de un ataque al corazón. Se te dan de muerte (nunca mejor dicho) los relatos de suspense, misterio, fantasía o terror.
Pobrecitos de tus hijos como les cuentes estas cosas para dormirlos.
Por cierto que ya le quedará poco a Pablito para ver la luz.
Suerte y un beso, se te echa de menos.

genialsiempre dijo...

!Que barbaridad!, pedazo de terror has conseguido, ¿asi era la peli?, seguro que tú lo has mejorado, porque sino estaría en los anales del cine de terror y no la recuerdo.
Me uno a los ánimos de Pedro. Suerte mi niña!!

Besos,

José María

Escuela de Letras Libres dijo...

Creía que la película en cuestión era "La escalera de Raquel". Ya ves, soy poco de cine, y menos del que nos están haciendo tragar los yankis,....
pero donde se ponga un buén relato como este....
Veo que te estás superando a cada texto y me gusta leer tus historias.

un saludo. moy.

Escuela de Letras Libres dijo...

Brrrrrr... escalofríos me dan.. con lo fría que está el agua ahora... brrrrr... Pero chiquilla, ¿de donde te salen estas historias tan tétricas? Que bien contado, se te ve que vas mejorando en tu técnica. Además hay profusión de detalles que te situan en la escena. Me gusta.

Antoñín

REIKIJAI dijo...

Mi Niña;Agatha Christie Española, me gustan este tipo de cuentos, con mucho suspenso, Gracias. Te dejo Un Beso. Silvi.

Escuela de Letras Libres dijo...

Hola Raquel, veo que eres una alumna aplicada de la ELL. Obviamente hay mimbres con los que hacer el canasto.

Besos,

Benjamín

Raquelilla dijo...

Benjamiiiin, que de tiempo sin saber de tí, me alegro que te hayas pasao por aquí un momentín para hacerme una visita, por cierto, te debo un libro, a ver si te lo mando por correo.

Equilibrista dijo...

Ra, yo no he visto la peli, pero creo que no me va a hacer falta. Las atmósferas de miedo las recreas magníficamente. Qué envidia! jeeje. El primer párrafo es sencillamente genial, creo que has estado muy inspirada en la forma de mezclar lo del piano con los ruidos que se oyen, los colores. Tienes mucha soltura escribiendo. Coincido con Juan en que atrapas con una facilidad pasmosa.

Bueno Ra, sigue así, sigue escribiendo que lo haces maravillosamente bien, que aprendo mucho con lo que escribes y espero llegar a hacerlo igual de bien que tú, o al menos acercarme un poquito. Y sigue con el blog, que aunque ahora nos veamos menos, te seguimos muy de cerca.

Un fuerte abrazo a ti y a toda la familia incluyendo al pequeño Pablo que cada vez está más cerca, y no sabe la de grandes relatos que le esperan!

David

REIKIJAI dijo...

Mi Agatha Christie Española,Pase a saludarte... Feliz Navidad y que el Niño venga cargado de lindos regalos... Pasala lindo junto a tis seres queridos... Te dejo Un Beso. Silvi.