sábado, 27 de septiembre de 2008

RASPA DE PEZ

El sol se pone tras el horizonte de la reina de los desiertos, Khaled apura la sopa preparada con las raspas de la cola de un sábalo que pudo rescatar del último campamento improvisado camino al estrecho. Debió dejar su puesto en aquella empresa minera el mismo día que descubrió cinco camiones transportadores tomar rumbos distintos a los habituales, a los estipulados. No debió dejarse embaucar y tapar sus oídos, ojos y boca con 10.000 Dalasis*. Debió marcharse junto con sus compañeros Dembo y Mahamadou y dedicarse a la pesca en aquella otra multinacional, no recordaba su nombre: la riqueza en especies marinas caracterizaba al Río Gambia como uno de los mas variados, aunque esos datos solo los conocía de oídas, ya que el 90% del producto bruto de sus aguas iba a parar a manos extrangeras, quedando unos míseros 28 kilos al año para el consumo per cápita, una vergüenza que soportaban durante décadas. En el camino hacia Marruecos, mientras cruzaba Mauritania, se le pasó por la mente abandonar esa marcha desesperada hacia tierras mas prósperas y libres, pero al poco rato desistía al recordar el cartel estampado contra la puerta de la entrada al recinto minero: "Según resolución del Tribunal Supremo celebrada el 17 de Enero quedan suprimidas las actividades de Carnegie Minerals, preséntense los trabajadores en dependencias judiciales de la NIA* en Banjul para el correspondiente interrogatorio, firmado Yahya Jammeh, presidente de la República."
Conocía perfectamente la mecánica de esos interrogatorios y las consecuencias colaterales hacia su familia, no lo iba a consentir, no confiaba en la eficacia de la CEDEAO*, serían capaces de torturarle aplicándole descargas eléctricas por todo el cuerpo, incluso en sus genitales, tal y como hicieron con aquel redactor de periódico. Recogió los zapatos, intentó pasar los cordones deshilachados por los orificios, cansados ya de dar tantas vueltas y se ató a la cintura su pequeño macuto, repleto de monedas manchadas de tragedia, cómplices de vejaciones y sobornos. Puso rumbo al lugar convenido por el contrabandista que le facilitaría un hueco en la embarcación; los últimos destellos de luz desviaban la mirada apesadumbrados, sabedores de su futuro.

Aquel individuo exalaba aires de segundón intermediario por todos los poros de su ropa elegantemente raída; sus manos, igual de agrietadas que las de Khaled, tiraron con fuerza del macuto, arrebatándole sus ahorros y el fruto de su silencio de una sola tacada. Desconcertado subió al bote junto con otros cientos más intentando en vano acomodar su cansado cuerpo en algún rincón libre. A su lado rostros heridos, asustados, le miraban pidiendo ayuda a gritos de silencio; algunos agarraban la mano del desconocido de su derecha, otros apretaban a los mas jóvenes contra su pecho con instintos protectores reflejos. La mitad de aquella mísera tripulación, hombres que conservaban aún vestigios de fuerza en sus brazos, empujaron el bote hacia mar adentro arañando la playa, dejando huellas definidas como si muchas hormigas arrastraran un cocodrilo como presa. Todos los del interior dieron un respingo cuando la barca dejó de tocar el fondo de arena. Luego aquellos hombres, remolcadores improvisados, comenzaron a subir en ella de forma desordenada provocando vaivenes. Aquella precaria situación no dio lugar a falsas vergüenzas: un chico de unos 14 o 15 años se agarró fuertemente a su brazo para paliar la mezcla de mareo y miedo que sintió ante aquella avalancha de almas desesperadas. Cuando el pequeño titanic recobró el equilibrio las personas que tocaron en suerte en los bordes comenzaron a remar con sus propias manos, comenzaba la travesía.

Tras tres largas jornadas de incertidumbre y silencio el agua comenzó a escasear. Él fue uno de los pocos que inentó saciar la sed bebiendo directamente del mar, lo que le provocó severas alucinaciones. La última vez que permaneció consciente veía cómo los rostros de todos los que le rodeaban comenzaban a pudrirse poco a poco, sus carnes se derramaban en sus mejillas quedando una esencia cartilaginosa aterradora. No podía soportar esa visión y antes de lograr zafarse de uno de esos seres repulsivos en los que se había convertido el chico de su lado, que le examinaba con atención, cayó inconsciente. Después de dos días a la deriva, los hombres que estaban a su lado lo arrojaron en medio del Mediterráneo, allí se dejó llevar hacia el fondo de un coral donde fue festín de miles de especies, entre ellas una corvina negra logró degustar el sabor dulce de parajes desconocidos.
* 1 €= 307 Dalasis aprox
* NIA= National Inteligence Agency
* CEDEAO= Comunidad Económica De Estados de África Occidental
Ra

UN TENDEDERO

Una camiseta ondea en el corredor
una camiseta entre tantas
la tercera en la fila hacia su destino
el mismo que espera a todas las demás.
Cuelgan de un tendedero negro
de un solo carril y sentido único
todas ellas camisetas de rallas
todas bordadas con un número.



Ra

LA VIDA AUTÉNTICA

La vida de las personas- su vida auténtica, en contraposición a la mera existencia física- empieza en momentos diferentes...
Noriko nació heredando la tersura de una flor de lotto en la piel y la palidez de Saturno en su tez, pero ninguno de sus dones la salvó de un destino machista, predeterminado para su sexo en el imperio quizá mas longevo que ha vivido la tierra. Tras luchar contra los pormenores de su cultura y abrirse un pequeño hueco en el mundo de la astrología consiguió una beca para terminar unas investigaciones en un paraje al sur de Europa, concretamente un reino pintado de diferentes matices, entre ellos alcanzó reconocer por fotografías y documentales el aravesco, fruto de sus antepasados y andaluz.
Después de deambular de aeropuerto en aeropuerto decidió recorrer el último trayecto desde Madrir hasta Granada en tren. Su auténtica vida comenzó tras cerrarse las puertas de su vagón.
Al principio le costó acostumbrarse al vértigo que le produjo una estancia tan vacía, habituada a sentirse arropada por tanta multitud en el metro de su país, no sabía en quién apegarse, su cuerpo pequeño y lánguido dandaba a un lado y a otro, lo que la obligó a tomar asiento. Desde la ventana esbozaba la típica mirada melancólica de quienes ven correr ses mar como trigo que baña al horizonte, salpicado de notas semicorcheas dispuestas en un mismo tempo, incansable melodía del camino hacia su destino. Al bajar en la comunidad andaluza tomó un taxi que le condujo al observatorio donde debía reunirse con un notable geólogo lunar; desde hoy formaría parte de su plantilla. Cuando llegó a la recepción un muchacho moreno aún con síntomas de actividad volcánica en su rostro se presentó como aquel brillante científico que buscaba, y la sorpresa fue mayúscula a medida que iba conociendo al resto del equipo: parecían adolescentes sacados de una película de serie B: "chachijuerga en la facul" la podría denominar. Pero no por ello perdió las maneras y la compostura, fiel a sus raíces mostró una exacerbada simpatía y un impecable buen estar frente a esos colegiales. Tras ponerse al tanto de sus quehaceres rutinarios de ahí en adelante bajó a una sala bastante desordenada donde se suponía íba a desayunar todas las mañanas, luego de descartar todos los menús de la máquina expendedora de sandwiches probó sacar un té de la que había al lado; decepción número dos: la tacita de plástico le devolvió el poso de un café con leche bastante frío y agrio, y sin cucharilla. Mientras todos se acomodaban en una gran mesa repleta de plásticos abiertos y vasos derramados, Noriko apretó con el pulgar e índice de su coqueta mano izquierda su diminuta nariz y con la otra introdujo de un golpe el poco contenido que le había tocado en suerte, aguantando disimuladamente una inevitable arcada entre sus manos logró reponerse en cuestión de segundos y unirse al grupo.
Entre otras conversaciones pudo llegar a distinguir varias frases de una en concreto, y si bien ellos intentaban unirla a su debate ella sólo respondía con una sonrisa y un leve movimiento de cabeza. La que mas le llamó la atención la recitó aquel muchacho de cara de cráter que tanta repulsión le causó al principio: " La religión ha pretendido siempre abolir el sentido común." Desde ese instante su concepto físico pasó a un segundo plano prevaleciendo por momentos una curiosidad intelectual mas profunda. Poco duraría ese sentimiento, al igual que sus vanales existencias...
De pronto la superficie de todo el complejo comenzó a emitir lentos latidos ensordecedores y el suelo de la cafetería empezó a vibrar, aquel jueves de diciembre se unirían pánicos orientales y occidentales en un mismo edificio. Ante la incredulidad de tratarse de un posible terremoto salieron todos al patio trasero dudando de la fiabilidad de la cimentación y lo que presenciaron sería lo último que vieran sus ojos. El horizonte se arremolinaba en un bucle que moría en un pequeño punto negro, como si el tapón de desagüe del núcleo terrestre se hubiese soltado. Edificios, personas, terreno, todo parecía desvanecerse en una arrugada pintura abstracta. Noriko logró entender entre sollozos a una de las muchachas hablar de moléculas, agujero negro y acelerador de partículas. Sentimientos contradictorios comenzaron a recorrer todo su cuerpo: admiración y terror rodearon su pecho en una lucha encarnizada. El único impulso que prevaleció fue agarrarse lo mas fuerte que pudo a su compañero, aquel brillante chaval poco agraciado al cual ni en pesadillas hubiese tocado con un simple dedo. Su respuesta no fue otra que responder a su abrazo. Todo el proceso fue indoloro, mientras las moléculas de sus cuerpos se fundían en una sola arrastradas por la marea, la auténtica vida de aquel científico comenzó en ese instante.


Ra