martes, 30 de diciembre de 2008

OMBLIGOS

La vida está llena de ombligos quebrados.
Padres de familia trabajan a destajo estas fiestas para que a sus hijos no les falten sus preciados regalos de reyes, sin saber lo que realmente anhelan: su compañía.
Miles de madres recopilan esos mismos juguetes al año siguiente, abandonados una semana después de haber sido adquiridos, para llevarlos a la beneficencia, repartidos entre los niños sin navidad, mientras aquellos que ya tienen uso de razón se preguntan por qué les ha tocado a ellos vivir la miseria y por qué ese Dios que tanto veneran tiene que recordarles cada año que no son los agraciados, pero sí los elegidos para entrar en ese estúpido reino de los cielos.
Centenares de empresarios dse benefician del gruto de tierras ajenas, mientras los niños que viven en ellas miran extrañados esos aparatos venidos de otro continente, juguetes donados, cacharros a los que no encuentran ninguna utilidad razonable.
Esos pequeños ombligos sangran, incluso antes de nacer, a falta de alimentos, sustentos, libertad, respeto. No dejan de llorar, no dejan de toser enfermedades trasmitidas por el mundo desarrollado, no paran de sangrar.
Pobres ombligos quebrados.
Ra