miércoles, 7 de octubre de 2009

Un poema que habló de mi

Fui el libro escrito en sánscrito que pocos pudieron traducir.
Fui el número periódico que Tartaglia no pudo pronunciar.
Fui la muñeca que, cubierta de mugre, aún esperaba a su dueña.
Fui la escotilla del C4, que selló la vida de sus 44 tripulantes.
Fui la corbata que estranguló las mentiras de Javier Arenas el 11m.
Fui la constelación repudiada de Ofiuco, presa del abrazo de una serpiente.
Fui la mancha delatora en el ojo de Madeleine.
Fui la perdición de Gunther: un trozo de plastilina color carne jugosa.
Fui la mecha que prendió fuego al piso 17 del Windsor.
Fui la maleta que se estravió en el viaje de vuelta de Wendy desde Nunca Jamás.
Fui el lienzo oscuro y abstracto que nadie consiguió interpretar.
Fui el traficante de la ira.
Fui el óbolo que, bajo la lengua de Eurídice, cruzó el Aqueronte.
Fui una seta del camino, mil veces aplastada.
Fui el boceto del infierno.



Ra

3 comentarios:

genialsiempre dijo...

Mucho mejor aquí, el cierre final es...encantador, aunque creo que es más un "seré" que un "fuí".

José María

Equilibrista dijo...

Hoy he podido saborear mejor el poema: el óbolo de eurídice, la perdición de plastilina y otros tantos me han encantado

muy bueno, ra

Antonio Fassa Lovillo dijo...

Pues como dice Jose María mejor un seré que un fuí; pero... la poesía es así de cruda a veces.
Me ha encantado.