viernes, 4 de febrero de 2011

Micro-relatos

-¿Ordeno la retirada, mi comandante?
-¡De ninguna manera! Pase lo que pase manteneos todos en vuestros puestos- respondió el Alfil mientras se aproximaba la Reina Negra en diagonal.
Un crujido de cucaracha le obligó a frenar en seco. Al inclinar un poco el pie vio que ya era demasiado tarde; la Atlántida yacía pegada como un chicle en la suela de su sandalia.
-Lo siento, solo obedezco las órdenes.- Tras decir ésto, el niño acalló el lamento del guisante de un solo mordisco.
Tras la cuarta explosión, el piloto mira horrorizado el cuadro de mandos de la lanzadera de emergencia: ¡Pilas no incluidas!
-Parece que va a llover- pensaba la margarita mientras arropaba a la abeja entre sus pétalos.
Ra