viernes, 19 de octubre de 2012

CALCETINES BLANCOS

La miraba.
Le rodeaba el carnoso vientre con la mirada mientras frotaba su mano callosa contra el bañador, a la altura de su sexo.
La tenía tan a su alcance... y a la vez tan lejos. 
La veía tan sólo con unos calcetines blancos, atrapada entre tentáculos grasientos, apretándole los pechos, penetrándola. Gozaba sabiéndola inmóvil, húmeda, prisionera.
Al poco, ella salió de la piscina y se acercó corriendo, interrumpiendo por un momento su ensoñación:
-Papi, voy a ir al baño.
-Está bien, no tardes- le contestó.


Ra